domingo, 1 de diciembre de 2013

Democracia radical

El viernes fue lo que en Estados Unidos se llama Black Friday, es decir, viernes negro, un viernes de rebajas entre la fiesta de Acción de Gracias y la Navidad. En Cataluña, sin embargo, hemos tenido una semana negra para la democracia. Cuando los nacionalistas acuñaron lo de la "democracia radical" no sabía muy bien qué debía de significar ese nuevo concepto de la neolengua pero ahora, desgraciadamente, empieza a quedar bastante claro.
Todo empezó el martes 26 de noviembre cuando Jordi Cañas, diputado y portavoz de C's estaba interviniendo en un debate organizado por Reagrupament y desde el público alguien le gritó "terrorista". Él paró su discurso y se dirigió a esa persona que le volvió a repetir "eres un terrorista" y apostillo "a la calle si no te interesa". Ante la pasividad de Salvador Cot, el moderador, Jordi Cañas abandona el estrado seguido del representante del PP y la mitad del público. Por el pasillo vuelven a insistir con el tema del terrorismo, varias personas están a punto de llegar a las manos y alguien le recrimina haber vertido semejante acusación a lo que el interpelado responde que si son terroristas está bien llamarlos terroristas. Otra persona del público se acerca al moderador para reprocharle el no haber intervenido a lo que este responde, en un alarde de mala educación, "fot el camp" (lárgate) lo que es respondido con aplausos como se puede observar en este vídeo.
Ese mismo martes supimos de una nueva actualización de "la lista de los malos", esa que tanto gusta a los nacionalistas catalanes, en este caso elaborado por el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) en la que se rastrean, según su apreciación, comparaciones entre el Proceso catalán y movimientos totalitarios o se hace apología de la violencia. Pues bien, en esa lista está Inés Arrimada, diputada de C's, por considerar "persecución" al hecho de multar a las personas que no rotulan su negocio en catalán. Ella misma lo explica con bastante gracia en el artículo La lista de los indeseables. Tras comprobar el significado de la palabra "persecución" en el diccionario de la RAE y en el del Instituts d'Estudis Catalans, me parece obvio que está bien utilizada así que quizá los del CAC decidan incluirme también a mí en su lista.
Seguimos el jueves con la ocupación de la sede de UPyD en Barcelona a cargo de 35 independentista que tuvo como resultado una lesión de muñeca del empleado que allí se encontraba (hay parte de lesiones). El motivo de esta agresión fue, según un comunicado de la asociación de estudiantes SEPC "la imputación de cinco militantes de la izquierda independentista de numerosos delitos por defender la lengua". Por supuesto, nadie es imputado por defender la lengua y, en este caso, se debe a las agresiones sufridas por la líder de UPyD en marzo de 2010, cuando iba a realizar una conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UAB y que tuvo que ser finalmente suspendida y que acabó con la diputada escoltada por la policía y el decano de la Facultad, Salvador Cardús, bañado en pintura.
Acabamos la semana con el ataque a pedradas de la sede central de Ciudadanos en Barcelona que le ha costado la rotura de varios cristales. Se podrá decir que se trata de acciones minoritarias y que el movimiento independentista es mayoritariamente pacífico pero, sin embargo, llama poderosamente la atención la falta de condena, en el mejor de los casos, de estos ataques, el mirar hacia otro lado, el hacer ver que aquí no pasa nada. Y digo, en el mejor de los casos, porque CUP, un partido político con representación en el Parlament de Cataluña, ha expresado públicamente su apoyo a SEPC por la ocupación de la sede de UPyD. Vaya, el partido que se autoproclama representante del movimiento obrero apoyando la agresión a un trabajador. Contrasta este silencio con la condena enérgica que todos hicimos del acto en la Librería Blanquerna, claro que, según La Vanguardia, entonces fue una agresión y esta vez, tan solo un acto de protesta.




domingo, 24 de noviembre de 2013

Los malos de la película

En una democracia se presupone que cada persona puede escoger el partido que desee, aquel que más se ajuste a sus convenciones y que cada uno deposita su voto en función de lo que cree que es mejor para el país o, en su defecto, lo menos malo.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, asusta ver como en Cataluña se otorgan carnés ya no solo de buenos y malos catalanes sino ahora también de buenas y malas personas. Sí, ya sé que resulta increíble lo que acabo de decir, pero no estoy exagerando. El sábado, el diario digital Directe publicó el siguiente titular: "Ciutadans, el partit de les males persones". ¿Y qué han hecho los miembros de este partido para recibir semejante calificativo? Pues nada más y nada menos que criticar que se destinaran 200.000 euros a cubrir la cadena humana del 11 de septiembre en lugar de pagar a las farmacias. Se puede estar de acuerdo o no con el comunicado firmado por Jordi Cañas, portavoz de este partido, pero parece difícil justificar a partir de este hecho que él o sus votantes sean malas personas.
La reacción de los militantes y simpatizantes de Ciudadanos no se hizo esperar y lanzaron en Twitter la etiqueta #josócmalapersona (yo soy mala persona). A la media hora de lanzarlo ya era tendencia en Barcelona y, poco después, número dos en toda España, lo cual tiene bastante mérito si tenemos en cuenta que se estaba celebrando la Conferencia Política del PSOE y que, además, era día de partido de fútbol. Eso implica que mucha, muchísima gente se sumó a la acción, es decir, que los pobres de Directe debieron de pasar muy mal día al sentirse tan rodeados de malas personas.
Es un tipo de discurso que empieza a hacerse muy frecuente lo cual acaba resultando una velada amenaza a todo a aquel que se atreva a disentir del discurso oficialista catalán
Si tan solo fuera esa noticia quizá no habría que darle más importancia porque, total, un mal día lo puede tener cualquiera y todos podemos equivocarnos a la hora de dejar ir nuestros dedos sobre el teclado y publicar una noticia con un titular desafortunado. El problema es que es un tipo de discurso que empieza a hacerse muy frecuente lo cual acaba resultando una velada amenaza a todo a aquel que se atreva a disentir del discurso oficialista catalán.
Por poner algunos ejemplos, hace unos meses, Joaquim Maria Puyal dijo en una entrevista al diario Ara, citando a Jordi Mir, que "los enemigos de Cataluña, en Cataluña manifiestan sus puntos de vista en catalán". No nos especifica quiénes son esos enemigos pero, de entrada, no suena muy tranquilizador saber que estamos rodeados de enemigos que son, eso sí, políglotas.
Más específica resulta Carme Forcadell, presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, en una alocución del pasado 26 de mayo:
"Nuestro adversario es el Estado español, lo tenemos que tener muy claro, y los partidos españoles que hay en Cataluña como Ciudadanos y el Partido Popular, que no se tendría que llamar Partido Popular de Cataluña sino Partido Popular en Cataluña. Por lo tanto, estos son nuestros adversarios. Los demás somos el pueblo catalán".
Si tenemos en cuenta que la suma de esos dos partidos fue en los pasados comicios de 746.122 votos, empieza a dar un poco de miedo salir a la calle porque las posibilidades de encontrarse con un adversario son muy altas. Además, ¿dónde quedan adscritas todas esas personas a las que se niega pertenecer al "pueblo catalán" en función del partido por el que votaron en las últimas elecciones? ¿Recuperan su catalanidad si cambian la orientación de su voto? Se me antojan cuestiones de difícil respuesta ya que rozan, ciertamente, lo ontológico. Más allá de eso, no sé si Forcadell es muy consciente de que si al pueblo catalán le restamos esa cifra nos queda un pueblo con una densidad de población bastante mermada y de que, para colmo, la diferencia de votos entre PPC y su partido -ERC- es de apenas 20.000 votos.
El nivel de agresividad y de mala educación que se puede ver en, por ejemplo, las redes sociales es alarmante
En todo caso, se podría pensar que basta con aislar a esas terribles personas que utilizan toda su maldad contra Cataluña para que todo se arreglara pero no, es que aun hay más. Resulta que los socialistas están virando hacia el fascismo según decía en agosto Vicent Partal desde Vilaweb,asunto que debe de considerar muy importante ya que le dedicó dos editoriales. Llama la atención que se utilice precisamente esa palabra por parte de los que se quejan -y con razón- de que se usa con excesiva frivolidad. El PSC es, actualmente, la segunda fuerza más votada, con 524.707 (14,43%) aunque por efectos de la más que cuestionable ley electoral entregó la segunda posición a ERC con 498.681 (12,97%). Así las cosas, entre enemigos, adversarios de Cataluña y fascistas en potencia nos vamos a más de un millón de nuestros conciudadanos.
Se podrá alegar que desde todas las posiciones ideológicas se lanzan insultos y, desgraciadamente, es cierto. El nivel de agresividad y de mala educación que se puede ver en, por ejemplo, las redes sociales es alarmante. Pero todos los casos aquí citados son de personas que, de una manera u otra, se ven favorecidas por el dinero público, es decir, ese dinero que aportamos con nuestros impuestos. Y que te insulten es desagradable, pero que encima lo hagan personas que se ven beneficiadas con parte de tu sueldo es inadmisible.
En Cataluña hay una importante parte de la población que reclama la secesión porque cree que eso es lo mejor y su posición me parece absolutamente legítima y respetable. Creo que actúan desde la honestidad y el deseo de mejorar la realidad y, por eso, es evidente que merecen que quienes actúan como sus portavoces lo hagan desde el rigor y la objetividad de sus argumentos y no desde el insulto y la descalificación de nuestros vecinos, amigos y familiares.
NOTA: Este artículo fue publicado en el periódico digital Crónica Global (11-11-13)

sábado, 2 de noviembre de 2013

Las alas de Ícaro del proceso catalán

De pequeña tenía un libro de relatos y recuerdo que el que más llamaba mi atención era el de Ícaro, un joven que, con sus ansias de volar alto, se acercaba tanto al Sol que el calor derretía la cera con la que Dédalo, su padre, había pegado las plumas de las alas que había construido para poder escapar del laberinto en el que les había encerrado el rey Minos. Una seria advertencia para los que se dejan llevar por los excesos de ambición y desoyen los consejos paternos.
En los últimos tiempos he recordado a menudo esta historia ante la insistencia de los secesionistas en dar a conocer su causa internacionalmente, primero en un fracasado intento diplomático y después con su aparición en la prensa.
Salir en los medios y tener notoriedad pública no es bueno per se y la sensación que tengo es que, durante mucho tiempo, la mayoría de la gente que está en contra de esta secesión hacía un poco la vista gorda con el tema, ya saben, eso de que de lo que no se habla, no existe. Esta actitud ya no ha sido posible después de la evidente visibilización del "conflicto" y las respuestas no han sido precisamente halagüeñas para los artífices de esta campaña.
Butkevicius, primer ministro lituano, dijo que la prensa catalana había manifestado de manera errónea y tendenciosa sus palabras
De entrada, parecían haber conseguido el apoyo de Letonia y Lituania y aunque no son precisamente países que cuenten demasiado en el orden internacional -y vaya por delante todo mi respeto a estos países y mi amor por Lituania, uno de los lugares más bellos que he visitado-, eran un primer paso. Esta alegría no duró demasiado porque tras la llamada a capítulo del ministro García-Margallo no solo se desdijeron sino que, además, Algirdas Butkevicius, primer ministro lituano, dijo que la prensa catalana había manifestado de manera errónea y tendenciosa sus palabras. Con la ACN han topado.
Y a partir de ahí, cascada de declaraciones desde la Unión Europea (UE) manifestando de forma contundente lo que ya habían dicho en otras ocasiones: si un país se separa de otro, queda fuera de la Unión Europea y para que pueda volver a ser admitido necesita la unanimidad de los estados miembros. El vicepresidente y comisario de Competencia, Joaquín Almunia; la portavoz de la Comisión Europea, Pia Ahrenkilde y Jean-Claude Piris, una de las grandes autoridades en cuestiones jurídicas de la UE, fueron bastante claros. Eso sí, sus afirmaciones fueron rápidamente contestadas desde Cataluña y amplificadas por los medios de comunicaciones afines.
Para ello han echado mano de, por ejemplo, Roland Vaubel, al que suelen presentar como asesor de Merkel pese a que, en realidad, es tan solo uno más de los que asesoran al Ministerio de Economía alemán y forma parte de Alternative für Deutschland, un partido extraparlamentario que aboga por la salida del euro. Vaubel, además, defiende que el voto de aquellos que pagan más impuestos valga más que el de los que pagan menos. Resulta curioso que con la facilidad que brota el adjetivo facha en Cataluña luego se le dedique tanto espacio en los medios a una persona considerada muy reaccionaria en su país. En todo caso, se trata de un economista y no de un jurista o un especialista en política internacional así que sus opiniones sobre el tema son eso, meras opiniones. A Vaubel ya lo habían sacado a relucir hace unos meses pero volvieron a darle la palabra cuando salió a la luz tras las contundentes declaraciones de Francesc Granell en una entrevista en El País.
No es el único caso en el que hemos podido comprobar que ciertos medios ofrecen la información de manera, cuanto menos, poco objetiva. En La Vanguardia se hacen eco de una noticia firmada por la ACN en la que se afirma que Graham Watson "no ve problema en una Cataluña independiente en la UE" y lo presentan como presidente de los liberales en Europa cuando en realidad este cargo lo ocupa Guy Verhofstadt. Watson abandonó el puesto en 2009 y en la actualidad no es ni tan siquiera uno de los vicepresidentes, tal y como se puede comprobar aquí.
Internacionalizar el conflicto ha acabado siendo una especie de Ícaro acercándose peligrosamente a un Sol que ya empieza a derretir la cera de sus alas
En realidad, Watson es presidente del European Liberal Democrat and Reform Party, una confederación de partidos liberales y no del grupo parlamentario, en el que se integran partidos que forman parte de esta confederación pero también otros que no. Por otra parte, Graham Watson es escocés y elegido por la circunscripción de South West England y Gibraltar lo cual no invalida, obviamente, su opinión pero sí nos ayuda a entender el posible sesgo de la misma.
Pero el tema de la salida de la UE no se ha quedado ahí por mucho que desde los sectores secesionistas se intente quitar hierro al asunto. Los inversores del macrocomplejo BCN World advirtieron de que la pertenencia a la UE era crucial por cuestiones de moneda y seguridad jurídica. Y esta fue la primera de una serie de declaraciones desde el mundo de los negocios a las que siguieron las del presidente de la Cámara de Comercio de EEUU en España, que alertaba de la descolocación masiva en caso de independencia; las de Andreu Gómez, presidente del Círculo de Directivos de habla alemana reconociendo que el clima de incertidumbre actual dificulta las inversiones en Cataluña o las del profesor de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Barcelona Gay de Liébana afirmando que "si nos tenemos que quedar fuera de la Unión Europea, mejor no iniciar el proceso" y a la vez que pintaba un panorama de lo más desalentador. Y, para acabarlo de rematar, un artículo en The New York Times sobre la negativa de los productores de cava a secundar los planes secesionistas del Gobierno autonómico catalán que concluye con las palabras de Bonet Ferrer, presidente de Freixenet: "Cataluña es una parte esencial de España y así es como debería continuar".
Vemos pues como la internacionalización del conflicto ha acabado siendo una especie de Ícaro acercándose peligrosamente a un Sol que ya empieza a derretir la cera de sus alas. Por supuesto, difícilmente se aceptan las voces autorizadas que empiezan a alertar de los peligros de toda esta aventura, de la misma manera que el joven desoyó los consejos de Dédalo.

Este artículo fue publicado en Crónica Global (23-10-13)

Catalonia Calling: no en mi nombre

Vamos a imaginar por un momento que una persona recibe un libro que no ha pedido sobre Auckland. Lo más probable es que le eche un vistazo, lo deje en la estantería y lo olvide porque, en general, realizamos nuestras lecturas o bien por placer o bien por obligación académica o laboral, pero es extraño que alguien decida leer un libro sobre un tema que, en principio, no es de su interés por el simple hecho de que alguien haya decidido mandárselo.
Pues bien, esa es la nueva ocurrencia de los partidarios de la secesión de Cataluña, que han pensado que el mundo no puede vivir ni un minuto más sin conocer su causa así que le van a mandar el libro Catalonia calling. What the world has to know, nada más y nada menos, que a las 10.000 personas más influyentes.
La mayoría no lo van a leer, obviamente, pero, aunque sea por pura probabilidad estadística, alguno sí lo hará. Imaginemos que ese lector potencial no sepa ni dónde está Cataluña y decida buscar información en internet. Se puede encontrar entonces con que se trata de una de las regiones más prósperas de un país democrático -porque, por mucho que ciertos sectores se empeñen en lo contrario, España es reconocida en el ámbito internacional como una democracia homologable a cualquier otra- que, además, posee un alto nivel de autogobierno que para sí quisiera, por ejemplo, Escocia y varios canales de televisión y radio. Descubre que, además, su lengua regional es la única vehicular en toda la enseñanza obligatoria, algo inaudito en el resto del planeta.
Me atrevo a pedir que creen una lista de las personas que no queremos que se utilice nuestra condición de catalanes para hablar por nosotros
A esa persona, a la que consideramos al día de las publicaciones internacionales ya que, recordemos, es muy influyente, quizá le venga a la cabeza entonces aquel artículo de la prestigiosa Spiegel sobre los separatismos en Europa que iniciaba su titular con un contundente "La hora de los egoístas" y en el que se señalaba como esas regiones separatistas que no quieren ser solidarias con las más pobres de sus propios países desean, paradójicamente, permanecer en la Unión Europea.
Imaginemos que esa persona sigue leyendo y se encuentra con lo del "derecho a decidir". Piensa, entonces, que se trata de un error de traducción porque "right to decide" es un sintagma que no tiene ningún sentido en inglés (bueno, en español y catalán tampoco, pero eso es otra historia). Como ve que el tema se repite, se da cuenta de que es algo realmente importante en Cataluña y acaba descubriendo que uno de los asesores en el tema es Arnaldo Otegi, que, en este momento, cumple prisión por su vinculación con el terrorismo. Esa persona, que tal vez viva en Nueva York o Londres, ciudades que han sufrido el horror de los atentados terroristas, deja el libro con un gesto de repulsión y sin entender por qué desde un lugar democrático se pide opinión para ser más democrático a una persona que ha demostrado no serlo.
Ya sabemos que, de un tiempo a esta parte, en Cataluña han proliferado las listas de buenos y malos catalanes y que incluso CiU decidió crear una lista de adhesiones a sus propuestas políticas. Pues bien, yo me atrevo a pedir otra cosa: que creen una lista de las personas que no queremos que se utilice nuestra condición de catalanes para hablar por nosotros, una lista en la que podamos decir que, por favor, no nos cuenten cuando hacen o dicen cosas que nos resultan poco pertinentes. O, mucho mejor aun, rogarles que empiecen a hablar con propiedad y declaren de una vez que no representan a Cataluña si no a una parte muy concreta de la población.
Y puestos a pedir, no estaría de más recordarles a Artur Mas y Núria de Gispert que su sueldo lo pagamos entre todos por lo que no es de recibo que sigan confundiendo gobierno con partido -a este respecto, es ilustrativo el hecho de que en la página web de la Consejería de Enseñanza aparezca una pestaña para poderse adherir al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir- y que ellos no pueden involucrarse en algo así mandando a los líderes mundiales este libro. Al menos, no en mi nombre.

sábado, 26 de octubre de 2013

La consulta y el voto electrónico

En el informe del Consejo Asesor para la Transición Nacional (CATN) se contempla la posibilidad del voto electrónico para las personas que residen en el extranjero y parece a ser que así lo ha reconocido un portavoz oficial de Joana Ortega, número dos del Ejecutivo autonómico catalán según recoge  El Confidencial http://www.elconfidencial.com/espana/2013-10-13/mas-escoge-una-multinacional-catalana-para-organizar-el-referendum-secesionista_41013/ La empresa seleccionada es Scytl, que se encarga de los votos en línea en 18 de las 20 democracias que lo aplican.
                Resulta cuanto menos curioso que en el informe del CATN ya se contempla, sin citar el nombre, a dicha empresa cuando afirman que “las soluciones tecnológicas actuales para realizar el voto electrónico remoto –en el que una compañía catalana es líder mundial- son tanto o más seguras que el uso de los procedimientos postales” (p. 98. El subrayado es mío). ¿Por qué se señala de antemano a la posible empresa? ¿Se ajusta esto a la imparcialidad y objetividad que se le presupone a un informe de este tipo? Si realmente esto se lleva a cabo, imagino que sería importante ver si se realiza un concurso público.
            Por otra parte, se afirma que este procedimiento es tanto o más seguro que el uso de procedimientos postales. Sin embargo, hay quien cuestiona que esto sea así pues, al parecer, una vez que los datos están en la base de Scytl son imposibles de rastrear. Según Bev Harris de blackboxvoting.org -hablando de su implantación en Estados Unidos- “con la votación Scytl no habrá votaciones. No hay evidencia física alguna. Ninguna cadena de custodia. No hay manera de que el público pueda autentificar la emisión de votos, la cadena de custodia o el recuento”. http://www.drudgereport.com/flash1.htm
Lo de la cadena de custodia del voto resulta determinante: ¿qué garantía nos ofrece esta empresa si no existe tal? Por otra parte ¿cómo actúan los interventores? El argumento es contundente ¿por qué arriesgarse con nada si se pretende ganar en legitimidad?
El Consejo de Europa admite la validez del voto electrónico pero dice que plantea amenazas por lo que un informe de la Comisión de Venecia (2004) apuesta por prevenir la manipulación de datos así como la protección del anonimato contra posibles revelaciones del elector. Otro de los grandes riesgos es, sin duda, el de los hackers y, en concreto, la seguridad de esta compañía se ha visto cuestionada en Estados Unidos. Supuestamente, la Junta de Elecciones y Ética de Washington alentó a intentar hackear el sistema para encontrar fallos y un grupo de estudiantes de la Universidad de Michigan logró hacerlo. Además de esto, el Departamento de Estado de Florida encargó la revisión del software del voto a distancia de Scytl y concluyó que no era seguro. http://kleinonline.wnd.com/2012/01/18/obama-donor-scytl/
Desde luego, el tema del hackeo no parece una cuestión menor. Chaos Computer Club, la mayor asociación de hackers de Europa afirma que cuando el proceso electoral se traslada al interior de un ordenador se elimina el escrutinio público. Ni los votantes ni las juntas electores pueden entender qué está pasando dentro de la máquina ni la forma de análisis de los resultados y, por lo tanto, no pueden ser verificadas. Añaden, además, "sabemos demasiado sobre los ordenadores, para dejarlos los ultimos restos de la democracia". http://wahlcomputer.ccc.de/
            Finalmente, la legislación española no contempla el voto por internet así que si esto se acaba aplicando bajo la ley electoral española estaríamos ante una situación jurídicamente dudosa. Sin duda, en democracia la transparencia es imprescindible y más aún en una consulta tan controvertida como la de que estamos hablando. Estaremos atentos.


Nota: Este artículo fue publicado en  Crónica Global (17-10-13) 

sábado, 5 de octubre de 2013

Legalidad y legitimidad

“Si quieres que algo salga adelante, encárgaselo a una persona; si quieres que se eternice, crea comisiones”. Artur Mas parece emplear a fondo esta máxima porque desde que empezó su segundo mandato, más que gobernar, lo hemos visto formando los más variopintos grupos de trabajo y ya hemos perdido la cuenta de las cumbres que ha convocado. Quizá lo que mejor ilustra la cita inicial es el de la constitución del “Pacto Nacional por el Derecho a Decidir”. Bajo tan rimbombante nombre se dieron cita el pasado 26 de junio una cuarentena de entidades (cabe recordar que la suma de las subvenciones de todos ellas desde el 1 de enero de 2011 hasta ese día era de 64.179.266 euros) y algunos de los grupos parlamentarios, con la excepción de PSC, PP y C’s. Tal multitud se reunió en el Parlamento, se hicieron varias fotografías y todo lo que se sacó de aquello –además de salir en los medios, claro- fue la decisión de que encargarían a Joan Rigol que escribiera una declaración constitutiva. ¿Una cincuentena de personas y todo lo que logran es mandar escribir un texto a otro? Vaya, no se puede decir que sean precisamente eficaces. Desde entonces, nunca más se supo de ese famoso Pacto que tuvo su momento de fama warholiana a principios de verano. Ahora parece que se van a volver a reunir. A ver si esta vez les cunde un poco más el tiempo.
El Consejo Asesor por la Transición Nacional
            Luego ya pasamos al Consejo Asesor por la Transición Nacional, graciosamente apocopado CATN. Podemos ver que hoy en día, si algo no lleva la palabra “Nacional” no es nada.  Aquí la cosa ya tenía un poco más de enjundia porque dicho consejo está formado por expertos de primer nivel. Estos trabajaron bastante más que los del Pacto y el 25 de julio evacuaron un informe de unas 200 páginas con todas las opciones legales y “legítimas” para conseguir la independencia. Pero, ¿eran necesarias trece personas para llegar a esas conclusiones? Sin lugar a dudas, no. De hecho, ya lo había hecho Joan Ridao, jurista y doctor en Ciencias Políticas, en su libro Podem ser independents? (RBA, 2012) que lleva en el mercado cerca de un año. Conclusión, mucho ruido y pocas nueces.
Legalidad vs legitimidad
            En dicho informe resulta cuanto menos curiosa la separación entre legalidad y legitimidad. Según nuestro ordenamiento jurídico, el pueblo soberano es el español y es el único que puede tomar decisiones tan importantes como la que se plantea en un referendo secesionista –es, sin duda, en esa línea en la que se enmarca la Declaración de Soberanía del Parlamento, para poder reivindicarse como demos frente al demos español- así que, de entrada, desde el punto de vista del Derecho Constitucional, lo que se propone parece ilegal. ¿Quiere decir esto que todas las vías están cerradas? No, por supuesto que no. Se puede intentar pactar con el Gobierno alguna opción. Estas negociaciones no son, de entrada, fáciles y, ni mucho menos, rápidas, pero es que si alguien está realmente comprometido con un proyecto de esta envergadura no puede precipitarse. Cuando hay dos posturas enfrentadas se necesita de habilidad para conseguir llevar el agua a tu molino y eso requiere de tiempo, quizá incluso de mucho tiempo. Por eso resulta llamativo que en el informe se insista una y otra vez en que el proceso no puede alargarse. ¿Cómo que no? ¿O es que el plan es que se hace lo que yo digo o rompemos la baraja? Así, mientras que por una parte se dice que es necesario respetar las reglas del Estado de derecho (p. 49), pronto se advierte de que si el Gobierno no se aviene a aceptar lo que se propone, pues nada, nos olvidamos de la legalidad y vamos a por la legitimidad que viene dada, entre otras cosas, por su peculiar visión de la historia (p. 31). De hecho, se dice literalmente que no es necesario intentar las cinco vías previstas aunque estaría bien intentar más de una (pp. 57-58). La sensación que queda tras leer este texto es que alienta a realizar un par de propuestas para que se vean las intenciones de negociar –sobre todo de cara al exterior- y después de la negativa recurrir ya a la legitimidad.
En todo caso, no parece de recibo que ciertos políticos catalanes se permitan reivindicar la legitimidad frente a la legalidad. Cierto que lo de la legalidad no suena demasiado atractivo y que queda muy bonito eso de la voluntad del pueblo por encima de todo, pero la realidad es que no es posible la democracia sin el Estado de derecho. Si seguimos esa máxima de que la voluntad del pueblo está por encima de las leyes, damos por hecho que una hipotética Cataluña independiente estaría libre de constituciones -¡no tendría sentido!- así que, por ejemplo, el “pueblo” de, pongamos, el Valle de Arán, que tiene una lengua y, por lo tanto, una cultura propia, también podría independizarse y lo mismo los tortosinos, convencidos de su peculiaridad. En este sentido, cabe recordar las palabras de Stéphane Dion en su 2ª carta abierta: es una contradicción pensar que Canadá es divisible y Quebec no (vid enlace).
Cuestión de tiempo
Volviendo al informe del CATN, quizá esta coincidencia con ciertos políticos catalanes en lo que se refiere a la legalidad y la legitimidad tenga que ver con que todos sus miembros oscilan entre la simpatía por la independencia y la más ferviente militancia. Resulta poco coherente que las mismas personas que se llenan la boca con lo de la “radicalidad democrática” creen una comisión nada plural cuando la pluralidad es una de las condiciones necesarias para la democracia. Con respecto a este sesgo ideológico, llama la atención que esta serie de expertos, a los que se les presupone el rigor metodológico, no incluyan el índice de participación cuando hablan de las consultas soberanista realizadas entre 2009-11 (p.40), quizá porque el dato, en este caso, no resulta demasiado legitimador. En Barcelona, por ejemplo, votó el 18% de la población pese a que las urnas estuvieron en las principales calles de la ciudad durante nada más y nada menos que cuatro meses.
Así, el informe es descaradamente tendencioso y, aunque no es el objetivo de este artículo su análisis detallado, baste señalar que, pese a que consideran que no es necesaria una mayoría absoluta ni un índice mínimo de participación, si gana el “sí” este triunfo sería irrevocable mientras que en caso de que el “no” fuera la opción vencedora  la consulta puede volver a repetirse y para esto si se tiene en cuenta lo ajustada que haya sido la victoria (p. 132). Más sorprendente resulta aun, si cabe, que se aconseje realizar la consulta antes que la de Escocia para que el resultado no afecte al proceso. Claro que lo mismo podrían reclamar los escoceses, que ya tienen la fecha pedida. Y, por si a alguien aun le queda alguna duda del sentido de estas afirmaciones, días después de hacerse público el informe, ERC afirmó que la consulta se tenía que realizar antes que la de Escocia, no vaya a ser que el resultado perjudique al “sí”. Dicho esto, resulta cuanto menos curioso que poco más de un mes después de entregar el informe, Carles Vives Pi-Sunyer, Presidente del CATN, afirmara en una entrevista en “El matí de Catalunya Ràdio” “Nos estamos fijando mucho en el 2014 y es posible que el 2014 no podamos hacer todavía esta consulta porque nos la impidan”. ¿En qué quedamos?

 Evidentemente, en Cataluña ya nadie aspira a la ecuanimidad ni a que las diferentes sensibilidades estén representadas de forma equitativa en ningún aspecto de la vida pública. ¿Alguien se imagina que los medios públicos y subvencionados catalanes dedicarán la mitad de su tiempo a cada una de las posturas? Pues bien, ese sería un requisito sine qua non para que la OSCE pudiera avalar el proceso. Pero claro, el simple hecho de que este organismo internacional se presentara aquí para controlar el buen funcionamiento ya sería un milagro porque, como han repetido hasta la saciedad todas las instancias internacionales, se trata de una cuestión interna española. Y es que, por más que se empeñen en internacionalizar el conflicto, la realidad es que el “Derecho a Decidir” no tiene más cobertura que la de una especie de Derecho Natural inventado que solo existe en la imaginación de quienes lo proponen.

Artículo publicado en Crónica Global el jueves 26 de septiembre de 2013

domingo, 29 de septiembre de 2013

Cuatro pasos

En el clima de efervescencia que vivimos actualmente en Cataluña se asume con excesiva facilidad que existe un clamor del pueblo catalán a favor de la secesión. Esto afirmación, sin embargo, no resiste un análisis mínimamente riguroso.
La confusión deriva probablemente de la ocultación de este término, secesión, y su sustitución por el nebuloso “derecho a decidir”, un concepto no solamente ambiguo, sino de dudosa gramaticalidad (para un análisis más detallado se puede consultar el siguiente artículo. De todas formas, el “derecho a decidir”, una vez cumplida la función para la que fue diseñado, la de atraer al independentismo a los partidos de izquierda y propiciar la declaración de soberanía proclamada por el Parlament de Cataluña hace unos meses; parece destinado ahora al baúl de los recuerdos, sin que ya se planteen problemas en reconocer que no ha sido más que “una chorrada” como reconoció Agustí Colomines,  ex -director de la Fundació Catdem de CDC con el beneplácito de Carme Forcadell como se puede comprobar en este vídeo.
Si nos centramos en el problema de fondo, la posibilidad de que Catalunya se convierta en un Estado separado de España, el diseño del proceso desde presupuestos democráticos (o radicalmente democráticos como gusta a muchos decir ahora) y teniendo en cuenta las exigencias legales propias de un Estado de Derecho sería relativamente sencillo:

1) Elecciones autonómicas en las que los partidos políticos se manifiestan claramente sobre la cuestión de la independencia. Es bueno recordar aquí que en el actual Parlamento de Catalunya solamente 24 diputados (de 135) fueron elegidos en listas en las que claramente se apostaba por la independencia de Cataluña (los 21 diputados de ERC y los 3 diputados de las CUP; CiU no emplea la palabra independencia en su programa electoral y se limita a plantear la necesidad de construir “estructuras de Estado”). No se destaca lo suficiente que los diputados que representan a partidos que claramente se muestran contrarios a la independencia son 48 (20 del PSC, 19 del PP y 9 de C’s). El doble de los diputados “independentistas”.

2) Si tras las elecciones autonómicas una mayoría de diputados que, a su vez, representen a una mayoría de electores, han alcanzado el acta de diputado integrados en listas de partidos que defienden la independencia de Catalunya se darían las condiciones políticas para que se convoque una consulta sobre la independencia de Cataluña. Una consulta no vinculante podría ser convocada por el Gobierno central sin que exista, a nuestro conocimiento, obstáculo legal para ello en nuestro sistema.

3) Si el resultado de la consulta es ampliamente mayoritario a la secesión deberían darse los pasos necesarios para la reforma de la Constitución que permitiera dicha secesión. La reforma constitucional debería ir acompañada de la regulación de la posibilidad de un referéndum vinculante sobre la secesión.

4) Concluidas las reformas legales necesarias debería convocarse un consulta vinculante sobre la secesión. Si de nuevo el “sí” a la independencia obtiene una mayoría suficiente, se produciría la secesión de la Comunidad Autónoma con las consecuencias que ello tiene para el ordenamiento interno y el internacional.

Cualquier otra cosa es buscar atajos donde no los hay, jugar con la voluntad popular como elemento argumentativo sin contraste en las urnas y, en definitiva, actuar con escaso rigor y respeto por los intereses generales.

Rafael Arenas/ Sonia Sierra

Esta entrada puede consultarse también en el blog de Rafael Arenas


sábado, 28 de septiembre de 2013

Curso de ética periodística

Hace años, cuando el Gran Wyoming presentaba el mítico Caiga quien caiga, mi sección preferida era la
de "Curso de ética periodística". En ella se tomaban titulares poco adecuados por su sesgo tendencioso y se daban alternativas mucho mejores para la exigible objetividad de un periódico. Pues bien, voy a intentar emular esa sección analizando el titular y el contenido de una noticia -repito, noticia, no artículo de opinión- del diario Ara.
Tras la intervención del diputado de Ciutatans Jordi Cañas, el rotativo catalán lanzó el siguiente titular: "Cataluña no es una colonia ni está invadida. El derecho a decidir es una chorrada", como se puede comprobar en el siguiente enlace. Y sí, es cierto que lo dice, pero lo que no señalan es que, en realidad, está parafraseando a Agustí Colomines, algo que repite dicho polítco dos veces durante su discurso a partir del minuto 9:30.
Resulta que Agustí Colomines, ex-director de la Fundació Catdem de CDC, afirmó en el programa La Rambla de BTV dijo, literalmente "el derecho a decidir es una chorrada que nos inventamos" y fue aplaudido por sus compañeros de plató. Cabe destacar que entre ellos estaba Carme Forcadell que se apresura a darle la razón y a apostillar que es derecho de autodeterminación y no derecho a decidir. En el Ara, ni una palabra de todo esto. Todo esto se puede ver el vídeo que acompaña esta noticia.
Y yo me pregunto, si son capaces de manipular de manipular de una forma tan burda, ¿qué no harán con otros aspectos menos fáciles de demostrar? Da miedo pensarlo, la verdad.

¿Por qué lo llaman derecho a decidir cuando quieren decir secesión?

Si un concepto ha hecho fortuna en Cataluña en los últimos tiempos ese es, sin duda alguna, el de “derecho a decidir”. Las razones de su éxito son fáciles de deducir: a todo el mundo le encanta tener derechos –el tema de los deberes ya nos cuesta un poco más- y se trata de algo que parece incontestable porque la persona que ose cuestionarlo será acusada inmediatamente de mezquindad. Y es que solo desde la perfidia se pueden negar los derechos de un pueblo. Sin embargo, la realidad es que no se trata, precisamente, de un concepto diáfano como trataré de demostrar.
¿Se trata de un derecho?
Para empezar, según Eva-Maria Poptcheva, doctora en Derecho Constitucional y especialista en Derecho Internacional, se trata más bien de un concepto de propaganda política que de un concepto con valor jurídico. Lo único que podría representar jurídicamente el “derecho a decidir” es la democracia directa, es decir, que la ciudadanía decida sobre cualquier asunto de forma directa y no a través de sus representantes, tal y como sucede en nuestra democracia representativa. Parece obvio que esta no es la forma más eficaz de toma de decisiones y que, en todo caso, no es la que persiguen los políticos catalanes. Para que exista un derecho tiene que existir una norma, es decir, la norma es previa al derecho y, como no existe ninguna norma al respecto, el mal llamado “derecho a decidir” no es ningún derecho como se nos pretende hacer creer.
Esto no parece ser ningún obstáculo para los políticos catalanes que contraponen legalidad versus legitimidad con total ligereza. De nuevo estamos ante una de esas afirmaciones de tono épico que tanto gustan porque no hay nada más bonito que la idea de la voluntad de un pueblo –recordemos el eslogan de CiU en los últimos comicios- frente a algo tan prosaico como las leyes. Pues bien, no debemos olvidar que si estamos en un Estado de derecho que garantiza, por ejemplo, la protección de las minorías, es gracias a las leyes. Por otra parte, cuando se contrapone legalidad y legitimidad se niega la legitimidad de la otra parte, ¿por qué es más legitima la opinión de los que se quieren saltar la constitución que la de quienes la quieren respetar?

¿Decidir qué?
Si seguimos analizando este concepto, aparece una nueva duda: “decidir” exactamente qué. Decidir es un verbo transitivo y, por lo tanto, necesita un complemento directo. Si bien tanto en español como en catalán este verbo se puede usar de forma absoluta –es decir, sin necesidad de CD en construcciones como “siempre decides tú”- no parece que este sea el caso porque aquí no queda nada claro que es lo que se puede decidir y la prueba más evidente de ello es que no se traduce a otras lenguas. En ningún país de nuestro entorno se entiende esta construcción porque no se especifica qué es lo que se puede decidir. Se trata, entonces, de un supuesto “derecho a decidir” en el que se obvia el CD de tal manera que recuerda a la protagonista de la copla Yo soy esa que, sin nombre propio, se tiene que conformar con lo que le quieran llamar. A veces parece lo que se puede decidir es ser independiente y otras, según palabras de Núria de Gispert, presidenta de la Comisión del Derecho a Decidir en el Parlamento catalán, el ámbito de las decisiones es de lo más variopinto y propone hasta cinco cuestiones que van desde el concierto económico hasta que nadie se inmiscuya en cuestiones lingüísticas. Por supuesto, esta multiplicidad va totalmente en contra de la claridad de la pregunta como señala a “Ley de Claridad” canadiense de 2000 o el Código de Buenas Prácticas en Materia Electoral (2002) de la Comisión de Venecia. Entonces, ¿por qué se ha escogido un sintagma tan confuso?
 “Derecho a decidir” se empieza a utilizar en 2003 en el País Vasco en el conocido popularmente como “Plan Ibarretxe”. Ni esta comunidad autónoma ni Cataluña son colonias, ni sufren una dictadura ni son pueblos oprimidos –aunque a uno podría creer lo contrario si lee los argumentarios de ciertos partidos políticos- así que no pueden acogerse al derecho de autodeterminación y de ahí que necesitaran de este invento de la neolengua nacionalista. Según la propaganda oficial, este es un clamor que surge del pueblo y por eso los buenos demócratas han de darle una respuesta pero, sin embargo, la realidad es que en 2006 se constituye la Plataforma del Dret a Decidir (PDD) subvencionada por la Generalitat. Seis años después, el Centre Unesco de Catalunya (Unescocat, que tiene más que ver con la Generalitat que le otorgaba generosas subvenciones que con la UNESCO) publica un informe titulado Del derecho a la autodeterminación al derecho a decidir. Un posible cambio de paradigma en la reivindicación de los derechos de las naciones sin estado http://www.unescocat.org/fitxer/3373/QR4%20okxweb.pdf en el que se insta a sustituir el “derecho de autodeterminación” por el “derecho a decidir”. Dicho informe está firmado por Jaume López Hernádez que, casualidades de la vida, fue socio fundador y presidente de la PDD. Así pues, “derecho a decidir” es un neologismo creado desde el poder –y no por la voluntad espontánea del pueblo- para soslayar el derecho internacional, que no se utiliza en ningún otro país y que no se recoge en ninguna legalidad internacional. En dicho documento se señalan, además, unas “propuestas de actuación” que debe seguir los partidos y entidades nacionalistas y se trata de desvincular “el derecho a decidir” -considerado una reivindicación soberanistas- del “derecho de autodeterminación”. Así, según el autor, el “derecho a decidir” se basa en un principio de “radicalismo democrático” y no en una reivindicación independentista.
¿Tenemos derecho a decidir?

            Finalmente, tal y como recordó Artur Mas el 06 de junio de este año, en caso de celebrarse el referendo –algo bastante complicado con la ley en la mano-, este no sería vinculante con lo cual, más que de “decidir” deberíamos hablar de “opinar”. Estamos pues ante un derecho que no es tal; ante un ámbito de decisión absolutamente indeterminado y en el que, para colmo, en realidad no podemos decidir nada sino tan solo opinar. Y pese a todo, bajo este sintagma nominal se construyen comisiones, pactos e incluso conciertos y otros actos lúdico-reivindicativos. Quizá ya va siendo hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre y cambiar el poco pertinente “derecho a decidir” por “consulta sobre la secesión”. Y veremos quién sigue defendiéndolo.

NOTA: Artículo publicado en Crónica Global el 12 de septiembre de 2013.

martes, 24 de septiembre de 2013

Hablando no se entiende la gente

De un tiempo a esta parte hay una serie de conversaciones que se repiten con frecuencia. Siempre giran
alrededor del "Proceso" y, normalmente, suelen ser sobre que el derecho de autodeterminación no es aplicable a Cataluña o que una hipotética Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea y, desde este fin de semana, que eso de la doble nacionalidad que tan alegremente ha anunciado Junqueras, es inviable. Esto no daría demasiado de sí en cualquier otro lugar del mundo, sobre todo cuando enlazas documentos que respaldan estas afirmaciones, pero en Cataluña da lugar a interminables hilos que acaban, invariablemente, con cualquiera de las siguientes opciones:

1. Las leyes están para cambiarlas. Aquí se suele citar a Rosa Parks (la que más), a Gandhi o a las sufragistas.

2. Es como si un persona se quiere divorciar de su pareja. Más allá de la obviedad de que es bastante ridículo comparar un divorcio con la secesión de un territorio, no se dan cuenta de que una pareja se puede divorciar, precisamente, si las leyes lo permiten y que el proceso debe hacerse siguiendo lo que estas dicen si no quieres ser acusado de abandono de hogar o perder la tutela de los hijos en caso de que los haya.

3. Cataluña será lo que el pueblo de Cataluña quiere que sea. Esto recuerda bastante a El Secreto, aquel libro que se puso de moda hace unos años y que aseguraba que bastaba con desear fuertemente algo para conseguirlo. Se pasa por alto que muchas de las decisiones no dependen solo de Cataluña.

4. "Votemos de una vez" o "pero, ¿tú quieres votar o no? No se tiene en cuenta, obviamente, que CiU, que es quien tiene el poder en estos momentos, jamás ha especificado sobre qué se va a preguntar y que, de hecho, Núria de Gispert, presidenta de Pacto Nacional para el Derecho a Decidir dio hasta cinco posibles preguntas para la consulta y, casualmente, solo una era sobre la secesión. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sin freno

De los creadores de "España nos roba" nos toca aguantar ahora "La España subsidiada vive de la Cataluña productiva". Sí, estoy hablando de CiU que en los últimos tiempos parece que se ha lanzado por una pendiente sin ningún tipo de freno. Tan poco pertinente resulta el cartel que anoche, cuando lo difundí por Twitter, varias personas me preguntaron si me había asegurado de que era real porque más bien parecía un  fake de alguien que pretendiera desprestigiar a dicho partido. Pues no, resulta que el cartel ha sido creado por la coalición catalana y no parece ser fruto de un arrebato sino que debe de formar parte de su argumentario porque el 27 de agosto, Jordi Turull, al intentar defender la antidemocrática prórroga de los presupuestos de la Generalitat dijo que no podía ser que los funcionarios de la Cataluña productiva no cobraran una paga y los de la España subsidiada. Yo soy funcionaria y en ningún momento se me ha ocurrido pensar que he perdido una paga por culpa del resto de españoles sino que hubiera podido cobrarla si no se destinara tanto dinero, por ejemplo, a los medios de comunicación subvencionados o si Mònica Terribas no hubiera sido contratada por un sueldo que resulta un insulto a la ciudadanía en tiempos de crisis. O sea, que CiU priva a los catalanes que los presupuestos se debatan en el Parlament, que sería lo lógico en una democracia, pero la culpa es del resto de españoles que son todos unos vagos. Cualquiera que haya tratado con niños o adolescentes sabe que ellos nunca han hecho nada y que la culpa es siempre de otro. Si es que estos de CiU son como chiquillos.
Este nuevo lema creado por las brillantes mentes del partido -que han conseguido uno de los peores resultados de su historia así como perder cada día más puntos en intención de voto- solo se explica desde la hispanofobia que cada día se puede ver forma más clara en Cataluña. Es obvio que semejante sandez no resiste ni el más mínimo análisis crítico: la mayoría de ciudadanos españoles se levantan, van a trabajar y pagan sus impuestos. Claro que hay gente que vive de las subvenciones, muchas de ellas del sector agrícola, de la misma manera que las hay en Cataluña en el sector de las avellanas, por ejemplo, o en muchas zonas deprimidas de la periferia donde yo he llegado a ver familias que ya van por las 2ª generación de personas que no han trabajado nunca y viven de las ayudas públicas. A mí, personalmente, no me importa que mis impuestos sirvan para mantener a una viuda -me da igual si de Murcia o de Tarragona- que nunca ha cotizado porque ha estado cuidando siempre de su familia. Me parece muchísimo peor que mi dinero se utilice para engrasar las máquinas de generar odio o para engrosar las cuentas en Suiza de ciertas personas, me da igual que residan en Madrid o en Barcelona.
No sé qué pretenden los de CiU con su ofensivo cartel pero me imagino que los empresarios catalanes deben de estar maldiciéndolos, especialmente de cara a la campaña navideña, porque el eslogan parece una llamada en toda regla al boicot de sus productos. Esperemos que el resto de españoles entiendan que la mayoría de catalanes no tenemos la culpa de esto, que se trata tan solo de la ocurrencia de un partido que parece haber perdido por completo el rumbo. Y a los convergentes recordarle que quien siembra vientos recoge tempestades.

jueves, 22 de agosto de 2013

Abuelito, dime tú

Mi abuelo era socialista. Abrazó esta ideología siendo muy joven y la mantuvo hasta el final de sus días.
Cuando estalló la guerra le pilló en la mal llamada zona nacional y, pese a ser poco más que un crío, eran tan firmes sus convicciones, que intentó pasar a la zona republicana. Lo falangistas lo pillaron, lo purgaron y estuvo a punto de perder la vida pero, afortunadamente, se salvó. Esta historia mil veces escuchada a lo largo de mi infancia aparecía siempre unida al rechazo al fascismo. Otro de mis pasajes preferidos era cuando mi madre me contaba que de pequeña su padre escuchaba radio Pirenaica con todo bien cerrado y que esto era algo que se debía guardar en secreto. Me hablaba también de lo confuso que le resultaba conciliar la emoción que sentía con los vibrantes discursos de la Pasionaria con las enseñanzas que recibía en su colegio de monjas. Supongo que este talante de mi madre, también socialista, que creció entre esos dos mundos y supo sacar lo bueno de cada uno de ellos, es lo que ha hecho crecer en mí ese profundo respeto hacia cualquier postura ideológica.
A partir de esto, es imaginable mi estupefacción cuando leí el martes el editorial de VilaWeb escrito por Vicent Partal (no lo enlazo aquí porque no me apetece facilitarle lectores) en el que decía que el PSC bascula hacia el fascismo y, además, anunciaba que al día siguiente seguiría desgranando semejante afirmación. No voy a entrar a desmontar un texto tan falaz -realmente, no lo merece- si no a reflexionar sobre el porqué de este ataque. Da la casualidad (o no) que, además, tan solo unos días antes (17/08/13), Quico Sallés había publicado en Nació Digital un artículo de opinión que consistía en ensalzar a Xavier Trias, alcalde de Barcelona y en denigrar de manera furibunda al PSC y, muy especialmente, a Montserrat Capdevila, diputada de este partido y a la que, en uno de esos alardes de machismo a los que estamos tan acostumbradas, se acusaba de ir al Parlament a lucir modelitos más que a trabajar (de nuevo, no lo enlazo por los mismos motivos que el anterior). Está claro que hay periodistas a los que se les da muy bien eso de ser la voz del amo. ¿Por qué dos artículos tan virulentos contra el PSC en tan poco tiempo desde dos medios subvencionados (según datos de febrero de 2012, VilaWeb, 71.629,99 euros y Nació Digital, 45,056,19) por la Generalitat? Obviamente, yo no estoy en las cabezas de estas personas y no lo sé, pero esta inusitada violencia contra el PSC contrasta con las palabras melosas que hasta hace pocas semanas se les invitaba a sumarse al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir y creo que es posible que este sea uno de los motivos.
Desde el pasado 11 de septiembre se ha intentado vender la imagen de "un solo pueblo", un pueblo unido con un gran fin común, el derecho a decidir, un derecho legítimo y democrático al que tan solo los "adversarios" de Cataluña se podían oponer. Estos adversarios son según Carme Forcadell, presidenta de ANC, C's y PP (para más información ver aquí). El PP -que en las pasadas elecciones catalanas sacó apenas 20.000 votos menos que ERC- ha sido siempre el malo oficial de la Cataluña nacionalista y a C's o bien se le ningunea o bien se le añaden coletillas como "fachas", "nacionalistas españoles" o, incluso, "de ultraderecha" así que todo parecía cuadrar. Hasta que el PSC se ha empezado a desmarcar de este discurso oficialista. ¡Oh!, entonces para los medios subvencionados está claro: son fascistas. Literalmente, Partal habla de un "socialismo que bascula hacia el fascismo" y Sallés de gente que son "subproductos del fascismo imperante a Cataluña desde 1939". Y es que ahora toca denigrar al PSC porque aunque el delirante editorial hable de ellos como poco más que un grupo marginal que tiende a la desaparición, lo cierto es que se trata de la 2ª fuerza más votada de Cataluña incluso con sus peores resultados además de que ofrecen la legitimidad que supone pertenecer a la Internacional Socialista. Pero ya sabemos quién tiene aquí la máquina de carnés de buenos y malos catalanes y de demócratas y no demócratas: y o bien comulgas con el ideario oficial o te vas a la lista negra.
Hace pocos días, la Canciller alemana Angela Merkel advertía de la banalización del nazismo en España por la desgraciada profusión de símbolos que estamos sufriendo y por la alegría con la que se suelta el apelativo. Que vayan tomando nota los de la internalización del conflicto. Ah, no, que de eso ya no se habla, que por ahí ya se han dado cuenta de que no hay nada que rascar.

martes, 6 de agosto de 2013

Pureza de sangre

Una de las cosas más latosas, además del constante reparto de carnés de buenos y malos catalanes del que hablé en "Los enemigos de Cataluña" (se puede leer aquí) es la exigencia constante de tener que apoyar esto o lo otro o, por el contrario, de condenar cualquier acción, especialmente si ya lo has hecho de forma pública. Las redes sociales son, sin duda, maravillosas y una fuente fantástica de oportunidades, pero también hay una parte de exposición que tiene sus riesgos y como, además, se da por hecho de que estamos todo el día pendientes de nuestros dispositivos móviles, la respuesta tiene que ser inmediata.
Hace unas semanas condené en Twitter y Facebook el ataque a la sede de C's y hubo quien se apresó a escribir comentarios en los se que minimizaban tal ataque y añadían que "y los de ultraderecha más", como si C's o yo tuviéramos algo que ver en esas acciones. Poco después, condené las pintadas a las sedes de PSC y PP  de Arran y tres cuartos de lo mismo. El día que salieron en la prensa las pintadas perpetradas por un grupúsculo de ultraderecha contra la sede de  El Punt-Avui yo estaba en la piscina y, por deferencia a mis acompañantes, desconectada del mundo virtual. Al llegar a casa, sobre las siete de la tarde, vi la noticia y, rápidamente, la condené en Twitter. Pues bien, al abrir mi Facebook ya tenía un mensaje echándome en cara que no lo había condenado. ¡Por Dios! ¡Qué tengo vida más allá de Internet! Voy a plasmarlo por escrito a ver si queda clarito de una vez y no hace falta que tenga que jurarlo con la mano sobre la Biblia a la menor ocasión: estoy en contra de cualquier insulto, falta de respeto o destrozo de material da igual la procedencia y el destinatario. Y cuando digo en contra de todos los insultos quiero decir eso, de todos, porque tampoco me parece demasiado lógico que algunas personas defendieran a la deportista Roser Tarragó -y obviamente condeno a quienes la insultaron- y, a la vez, aprovecharan el tuit para insultar a España y a los españoles. Y eso no debería ser así. Aunque sea por coherencia.

También me he encontrado constantemente con gente que me suelta un "pero estás a favor o en contra del referendo", sin tener en cuenta que, a día de hoy, no hay ningún referendo la vista y, ni tan siquiera, una posible pregunta y que, además, si llega a convocarse lo más probable es que no sea un referendo sino una consulta por vía no refrendaria. Pues no, tienes que manifestar públicamente tu adhesión incondicional. Si dices que no tienes ninguna intención de contestar a una interpelación tan poco pertinente a alguien a quien ni tan siquiera conoces, entonces eres facha o, ya, cuando tiramos la casa por la ventana, fascista, como me dijo uno ayer, a la vez que proclamaba que él era millones de veces más demócrata que yo.
Por si todo esto fuera poco, ahora también se te exige manifestar si estás a favor o en contra de cada una de las cadenas de todo tipo que están proliferando en nuestra Comunidad Autónoma por el simple hecho de haber comentado que la cadena nudista de Palamós me parecía de un pésimo gusto y que, en general, no soy demasiado aficionada a lo que Guillem Martínez denominó, con mucho acierto, actividades de la inmensa casa de colonias en la que se ha convertido Cataluña (vid artículo aquí). De verdad, como si yo no tuviera nada mejor que hacer que estar posicionándose públicamente sobre cada una de las actividades veraniegas.
En fin, que se siente una como si hubiésemos retrocedido a los Siglos de Oro y se tuviera que hacer valer en todo momento que se es cristiano viejo. Y, la verdad, a mí lo de la pureza de sangre no me va, prefiero mil veces la mezcla.


lunes, 29 de julio de 2013

Respeto

Una de las cosas que distingue a los seres humanos del resto de los animales es la ritualización de la muerte.
Cualquiera que haya perdido a un ser querido puede entender del porqué de esta necesidad: es tal el dolor, es tan devastadora la idea de no volver a ver a esa persona que se necesita de algún tipo de rito para iniciar el penoso duelo. No hay consuelo de ningún tipo para algo así, pero se agradecen cada una de las muestras de apoyos y, por supuesto, lo mínimo que se presupone ante una persona que está sufriendo tal trances es respeto. De hecho, el respeto a los muertos y a sus allegados está presente en todas las culturas.
Pues bien, es tal el odio que anida en ciertas personas, tan desmesurada e irracional su hispanofobia, que hoy hemos tenido que soportar que el periódico El Punt-Avui publique una nauseabunda viñeta "humorística" (?) en la que aprovecha la tragedia sucedida en Santiago de Compostela para arremeter contra la "Marca España". ¿Cómo se puede concebir algo tan mezquino? Pues bien, un tal JAP se ha sentado a su mesa de dibujo, ha mandado su obra al periódico y alguien la ha maquetado y, finalmente, se ha hecho pública. Supongo que, además, alguien le habrá dado su visto bueno. No estamos entonces ante un arrebato rabioso -que tampoco sería justificable- sino ante un producto elaborado que ha pasado por varias manos antes de ver la luz. Por si todo esto fuera poco, dicho periódico recibe unos 700.000 euros de subvenciones públicas por distintos conceptos. (230.000  para la sección "Cataluña quiere vivir en libertad"; 303.750 para las cabeceras de ambos periódicos y 160.725  por campañas institucionales del ejecutivo de Mas). A mí, personalmente, se me revuelven las tripas pensando que el sueldo de esta personas se sufraga con mis impuestos y, mucho peor aun, con los impuestos de los familiares de las personas ultrajadas. Supongo que ante esto la única opción que nos queda a las personas decentes es sentir lástima por estas personas que viven con tanto odio en su interior, debe de ser horrible vivir así.

martes, 23 de julio de 2013

En la máquina del tiempo

La mayoría absoluta del PP en el Gobierno de España nos ha permitido ver su cara más ultaconservadora, homófoba y misógina porque, desde luego, no se me ocurren otros adjetivos -bueno, sí que se me ocurren pero no los escribo por elegancia- para clasificar las medidas que tienen que ver con la reproducción.
Empezamos por la reforma de la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Dicha ley, vigente desde 2010 es una ley de plazos, es decir, despenaliza la práctica de la interrupción del embarazo durante las catorce primeras semanas de gestación, o dicho de otro modo, deja total libertad a la mujer para decidir si quiere abortar o no. He escuchado a veces hablar con gran frivolidad sobre el tema del aborto, como si fuera un método anticonceptivo más, aunque no se necesita ser especialmente sensible ni empático para entender que es una de las decisiones más duras y difíciles ante las que se puede encontrar una mujer. Si comparamos la tasa de interrupciones del embarazo de 2009 (11,49) con la de 2011 (12,44) podemos observar que no es ni un punto superior, lo que nos lleva a la conclusión que esta nueva ley no supuso una barra libre del aborto y, sin duda, facilitó mucho la vida a las mujeres que decidieron hacer uso de ella. Así las cosas, ¿qué necesidad había de cambiarla más allá de algún aspecto especialmente polémico como la posibilidad de abortar con 16 años sin consentimiento paterno o materno? Pues bien, el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón se erigió en paladín de la libertad de las mujeres -chúpate esa- al proponer una ley que nos retrotraería a principios de los 80. Es tal el retroceso que ni tan siquiera encuentra apoyo unánime dentro de su partido y, mucho menos, entre sus votantes. 
Por otra parte, la crisis es una excusa estupenda para justificar los desmanes político y esto lo podemos ver claramente en otra medida del Gobierno del PP como la siguiente: a partir del 1 de agosto, Sanidad dejará de financiar ocho píldoras de nueva generación, es decir, las menos dañinas para la salud de la mujer. Si realmente hay que recortar por alguna parte, ¿no sería más lógico dejar de financiar aquellas que tienen más efectos secundarios? Es obvio que una medida así solo puede nacer de la aversión a la libertad de la mujer para legislar sobre su propia sexualidad. ¿Quieres tener relaciones sexuales sin fines reproductivos? Pues a pagar más dinero si puedes permitírtelo o a pagar con tu salud si eres pobre. Machismo y clasismo a partes iguales. Asco absoluto. 
Tampoco tiene justificación alguna, más allá de la ideológica, el nuevo proyecto del Ministerio dirigido por Ana Mato: excluir del acceso público a las técnicas de reproducción asistida a lesbianas y mujeres solas. O sea, que si tienes un hombre a tu lado, está bien que puedas beneficiarte de las ayudas para reproducirte y si no, no. Hay pequeños detalles que no parecen tener en cuenta, como que esa relación se puede romper durante el embarazo o después de este pero vamos, no importa, si eres una mujer de bien, como aquella "mujer mujer" que gustaba a Aznar o esa otra cuya mayor misión en la vida es traer hijos al mundo, según Gallardón (siempre y cuando no seas lesbiana, deduzco), ya te encargarás de buscar a un hombre rápidamente. No he tenido acceso al argumentario para justificar semejante barbaridad, pero de verdad que me muero de curiosidad y, muy especialmente, por saber cómo lo justifican Alicia Sánchez-Camacho y Mª Dolores de Cospedal. 
Parece, en fin, que a los dirigentes del PP les encantaría inventar una máquina del tiempo y volver a aquello de "señor no es por vicio ni por fornicio sino para dar un hijo en tu servicio". Están en ello, desde luego, pero no creo que la sociedad se deje y ayer mismo hubo un escrache feminista ante la Sede del Ministerio de Sanidad en el que participaron FEMEN, grupos de lesbianas, asociaciones de izquierda o15M entre otros. Y es que así las cosas, no nos dejan otra opción que echarnos a las calles.

miércoles, 17 de julio de 2013

La niña de mis ojos

Vivimos en un Estado de derecho. Pagamos impuestos para tener unos servicios públicos universales, entre ellos, unos cuerpos de fuerza y seguridad que tienen como principal misión defendernos. O no. El 14 de noviembre de 2012 hubo una huelga general contra los recortes sociales y en una de las manifestaciones en Barcelona, Ester Quintana perdió un ojo. Esta mujer de 42 años que se define a sí misma como pacífica y  poco valiente, afirmó desde el primer momento que ella nunca se metería en una zona en la que hubiera provocaciones. En la confluencia de Paseo de Gracia y Gran Vía, lugar en el que se encontraba, gente que daba por acabada la manifestación se estaba ya despidiendo cuando los  Mossos d'Esquadra los rodearon y los manifestantes empezaron a correr. Ella intentaba no perderse de su grupo de amigos cuando recibió un fuente impacto en la cara. Se llevó la mano al rostro y se dio cuenta de que había perdido un ojo. Bueno, no lo había perdido, se lo habían arrebatado. Ante un hecho tan terrible, una se imagina que los responsables políticos harían todo lo posible por mitigar el dolor de la víctima e intentar reparar un hecho absolutamente inadmisible en una democracia. En lugar de eso, nadie de la Administración  catalana se interesó por ella y, además, el entonces consejero de Interior Felip Puig afirmó  primero que en la zona en la que sucedió el accidente no había actividad policial y luego que sí pero que no hubo ninguna carga policial ni se dispararon pelotas de goma e, incluso, en un alarde de insultante cinismo llegó a insinuar que los responsables podían ser los mismos manifestantes. Bien, aun en un acto de confianza ciega podríamos pensar que Puig estaba en lo cierto pero, ¿por qué no se abrió inmediatamente una investigación para encontrar al responsable? Quitarle el ojo a alguien es un delito que, como cualquier otro delito, debe ser investigado por la policía (en este caso, por los Mossos, la policía autonómica catalana). 

Quintana ha relatado siempre los hechos de manera idéntica y creo que cualquier persona que vea el estremecedor vídeo que grabó dos semanas después no duda de dice la verdad. Sin embargo, desde aquella primera comparecencia de Puig, las informaciones han ido variando con demasiada frecuencia. A principios de abril, por ejemplo, declararon los dos mossos imputados por los hechos y cayeron en múltiples contradicciones con respecto a los lugares y las horas. Además, dijeron que en aquella zona había muchos disturbios y lanzamientos de objetos aunque los vídeos aportados por la ciudadanía demostraban lo contrario: nadie había lanzado nada más allá de las pelotas disparadas por ellos. De hecho, dos médicos forenses confirmaron la versión de la víctima.
La consejería de Interior de Cataluña, con Ramon Espadaler al frente, vuelve a un nuevo "donde dije digo digo Diego" y ahora resulta que sí había una furgoneta de la policía autonómica en el lugar de los hecho, dato que habían ocultado los mismos que se encargan de la investigación por lo que Ester Quintana dice que desconfía de Interior y pide que sea otra entidad la que investigue lo sucedido. Y es que esta mujer, protagonista involuntaria de toda esta historia, ha dado muestras de una fortaleza y una integridad admirables y desde ese fatídico día está luchando por demostrar su verdad y para lograr que ella sea la última víctima de las pelotas de goma. Sin lugar a dudas, merece un apoyo unánime y que los responsables, todos los responsable, acaben pagando por ello.

sábado, 13 de julio de 2013

¿Derecho a decidir qué?

Hace una semana escribí una entrada que tenía como tema principal, tal y como sugería el título, los insultos
que cualquiera se expone a recibir si cuestiona según que temas en Cataluña así como criticar la lista de adhesiones que había anunciado Artur Mas. El texto se difundió rápidamente y pronto empecé a recibir comentarios hasta el punto que ya hay más de una cincuentena. Lo curioso del caso es que ninguno de ellos versa sobre el tema del que yo quería tratar sino sobre lo que afirmaba en la introducción con respecto a la gramaticalidad del sintagma "derecho a decidir". Algunas de las aportaciones son insultos contra mi persona -lo que sirve para ilustrar la tesis del artículo- y otros me atribuyen cosas que yo en ningún momento he dicho, como que estoy en contra de los referendos y, por extensión, de los Derechos Humanos (?), lo que hace pensar que, quizá, esas personas nunca pasaron del primer párrafo. También es posible que yo despachara el asunto que excesiva ligereza pero, insisto, se trataba tan solo de un elemento introductorio y no del eje principal. En todo caso, visto el interés que suscita, creo conveniente intentar explicar mejor mi opinión al respecto.
Decía en la anterior entrada que "decidir" es un verbo transitivo por lo que necesita obligatoriamente de un objeto directo para que su significado sea completo y, en este caso, no aparece por ninguna parte. La sintaxis es equivalente en todas las lenguas, es decir, que lo que es un sujeto en catalán lo es en lituano y lo que es un complemento indirecto o dativo en sánscrito también lo es en inglés ya que, salvo en contadas ocasiones, la naturaleza de un verbo es idéntica en todas las lenguas. En el caso del catalán y del español se puede argumentar que se trata de un uso absoluto del verbo "decidir" -por eso algunos lingüistas prefieren hablar de construcciones transitivas que de verbos transitivos- como el que encontramos en oraciones como "tú siempre decides" pero, en este caso, resulta importante identificar el complemento directo porque no es tan evidente como se nos quiere hacer creer. Por ello, mi primera cuestión es cómo se ha traducido esta construcción en las lenguas más habladas de nuestro entorno. Busco en google.co.uk "right to decide" y veo que tan solo aparece en tres medios internacionales -el resto son textos generados por instituciones u organismos catalanes-, uno de Escocia, otro de un partido verde australiano y un tercero, International Journal of Socialist Renewal. En los tres casos, añaden a la construcción el imprescindible complemento directo, "its future" en el primero y "future" en los otros dos.
Veamos qué pasa con el francés, lengua tan cercana al catalán y al español. Le pregunto a Henry Laguérie, periodista galo afincado en Barcelona cómo se traduce en los medios de su país el "dret a decidir" y su respuesta es: "No hay traducción exacta. Igual sería "le droit d'autodetermination". Me decido a buscar entonces la traducción literal, es decir, "droit de décider" y, como en el caso anterior, las apariciones son mínimas. En este caso aparece en un periódico católico francés, Le Croix, que en una entrada del 25 de noviembre de 2012 lleva el concepto en su titular pero, eso sí, convenientemente entrecomillado y con la apostilla "des Catalans". También aparece en Le Journal de Montreal, esta vez sin comillas y en la sección de opinión.
Finalmente, decido averiguar cómo se traduce en Alemania y para ello le pregunto al periodista germano Lukas Grasberger que me responde: "El <<derecho a decidir>> no existe. Existe el <<derecho de autodeterminación>>, una cosa legalmente clara, que se entiende. Supongo que han elegido a propósito una expresión poco clara para evadir las consecuencias. Con esta media frase del <<derecho a decidir>>, gramaticalmente, cada uno en Alemania se preguntaría: <<¿decidir qué?>>. Otra vez el complemento directo. Qué tozuda es la naturaleza verbal.
Obviamente, coincido con la opinión de Grasberger. Tener derechos es muy bonito y a todos nos gusta decidir así que, ¿quién va a renunciar a semejante privilegio? Pero claro, al no concretar a qué se refiere, aquí cada uno puede entender lo que más le plazca. Mientras muchos sobreentienden que lo que se va a decidir es si Cataluña se independiza o no, Núria de Gispert, presidenta de el Parlamento de Cataluña, afirmaba la semana pasada que las preguntas podían ser múltiples: "¿Quiere usted el concierto? ¿Quiere usted que nunca nadie más entre en nuestras competencias? ¿Quiere usted tener voz propia en Europa? ¿Quiere la independencia de Cataluña? ¿Quiere un estado propio?" Resulta cuanto menos curioso que todas las preguntas tengan que ver con el exterior y no haya ni tan solo una relacionada con la política propiamente catalana. ¿Será que sobre eso no tenemos derecho a decidir?

NOTA: Este artículo se publicó el 13 de julio de 2013. En aquel momento, pocas personas cuestionaban la legimitidad -y mucho menos la gramaticalidad- del "derecho a decidir". Sin embargo, a partir de septiembre, empezaron a surgir voces, algunas de gran renombre, en esa línea -que enlazo a continuación en orden cronológico- como Javier CercasMario Vargas LlosaÁlex Grijelmo que coincide plenamente con la argumentación e incluso el título de esta entrada, Felipe GonzálezJoaquim CollAntonio Zarzalejo y Francisco Morente. El colmo de la desvergüenza la encontramos en las declaraciones que realizó Agustí Colomines de CiU realizó en un programa de televisión diciendo, literalmente que "el derecho a decidir es una chorrada que nos inventamos". Como se puede comprobar en el vídeo, sus compañeros de tertulia, entre los que se contaba Carme Forcadell, aplaudieron la ocurrencia.
Finalmente, yo misma amplié el tema añadiendo consideraciones jurídicas en este artículo en Crónica Global.