martes, 23 de julio de 2013

En la máquina del tiempo

La mayoría absoluta del PP en el Gobierno de España nos ha permitido ver su cara más ultaconservadora, homófoba y misógina porque, desde luego, no se me ocurren otros adjetivos -bueno, sí que se me ocurren pero no los escribo por elegancia- para clasificar las medidas que tienen que ver con la reproducción.
Empezamos por la reforma de la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Dicha ley, vigente desde 2010 es una ley de plazos, es decir, despenaliza la práctica de la interrupción del embarazo durante las catorce primeras semanas de gestación, o dicho de otro modo, deja total libertad a la mujer para decidir si quiere abortar o no. He escuchado a veces hablar con gran frivolidad sobre el tema del aborto, como si fuera un método anticonceptivo más, aunque no se necesita ser especialmente sensible ni empático para entender que es una de las decisiones más duras y difíciles ante las que se puede encontrar una mujer. Si comparamos la tasa de interrupciones del embarazo de 2009 (11,49) con la de 2011 (12,44) podemos observar que no es ni un punto superior, lo que nos lleva a la conclusión que esta nueva ley no supuso una barra libre del aborto y, sin duda, facilitó mucho la vida a las mujeres que decidieron hacer uso de ella. Así las cosas, ¿qué necesidad había de cambiarla más allá de algún aspecto especialmente polémico como la posibilidad de abortar con 16 años sin consentimiento paterno o materno? Pues bien, el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón se erigió en paladín de la libertad de las mujeres -chúpate esa- al proponer una ley que nos retrotraería a principios de los 80. Es tal el retroceso que ni tan siquiera encuentra apoyo unánime dentro de su partido y, mucho menos, entre sus votantes. 
Por otra parte, la crisis es una excusa estupenda para justificar los desmanes político y esto lo podemos ver claramente en otra medida del Gobierno del PP como la siguiente: a partir del 1 de agosto, Sanidad dejará de financiar ocho píldoras de nueva generación, es decir, las menos dañinas para la salud de la mujer. Si realmente hay que recortar por alguna parte, ¿no sería más lógico dejar de financiar aquellas que tienen más efectos secundarios? Es obvio que una medida así solo puede nacer de la aversión a la libertad de la mujer para legislar sobre su propia sexualidad. ¿Quieres tener relaciones sexuales sin fines reproductivos? Pues a pagar más dinero si puedes permitírtelo o a pagar con tu salud si eres pobre. Machismo y clasismo a partes iguales. Asco absoluto. 
Tampoco tiene justificación alguna, más allá de la ideológica, el nuevo proyecto del Ministerio dirigido por Ana Mato: excluir del acceso público a las técnicas de reproducción asistida a lesbianas y mujeres solas. O sea, que si tienes un hombre a tu lado, está bien que puedas beneficiarte de las ayudas para reproducirte y si no, no. Hay pequeños detalles que no parecen tener en cuenta, como que esa relación se puede romper durante el embarazo o después de este pero vamos, no importa, si eres una mujer de bien, como aquella "mujer mujer" que gustaba a Aznar o esa otra cuya mayor misión en la vida es traer hijos al mundo, según Gallardón (siempre y cuando no seas lesbiana, deduzco), ya te encargarás de buscar a un hombre rápidamente. No he tenido acceso al argumentario para justificar semejante barbaridad, pero de verdad que me muero de curiosidad y, muy especialmente, por saber cómo lo justifican Alicia Sánchez-Camacho y Mª Dolores de Cospedal. 
Parece, en fin, que a los dirigentes del PP les encantaría inventar una máquina del tiempo y volver a aquello de "señor no es por vicio ni por fornicio sino para dar un hijo en tu servicio". Están en ello, desde luego, pero no creo que la sociedad se deje y ayer mismo hubo un escrache feminista ante la Sede del Ministerio de Sanidad en el que participaron FEMEN, grupos de lesbianas, asociaciones de izquierda o15M entre otros. Y es que así las cosas, no nos dejan otra opción que echarnos a las calles.

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