domingo, 1 de mayo de 2011

Mi amiga rusa y la ensaladilla


Si quieres caerle bien a mi amiga rusa, lo mejor que puedes hacer es no soltarle a la primera de cambio “mucho ruso en Rusia y muy buena la ensaladilla”. Y es que, por mucha gracia que nos pueda hacer el chiste de Eugenio, cuando una persona lo ha escuchado unas trescientas mil veces en los últimos catorce años, dan ganas de decir: “pero, ¿estos lo has pensado tú solito o te ha ayudado alguien?”.
Como yo siempre presumo de que mi madre prepara la mejor ensaladilla rusa del mundo, invité a mi amiga ídem a que la probara así que cogimos el coche y para allá que nos fuimo. Por el camino compusimos este bonito romance, fieles a la más pura tradición hispanística:
Romance de la ensaladilla rusa

Waldenamar, Waldenamar

ruso de la rusería
 por las tierras catalanas
 ¿quién hace la ensaladilla?
 Don Gustios de Minaya
 la receta escondía
 y así las buenas mozas
 prepararla no podían.
El bravo astur Don Pelayo
en el lecho do yacía
 la receta escondía
y con la mano temblorosa
 con ardor la bendecía.
Dos damas de buena fama
la AP-7 atravesaban,
ricos manjares esperan
en la familiar dehesa,
el sinpar Román las guarda
y su compañía les agrada.

(Falta un fragmento en el manuscrito original)
Por tierras catalanas,
los Sierra amanecían
y además de alta alcunia
un secreto poseían
la preciada receta
 de la antigua rusería.
-¡Albricias, albricias!-
la bella rusa decía,
y al contemplar el gazpacho
buenos sentimientos tenía.
Sonia, morena estrella,
ensaladilla rusa quería,
en paz, amor y compañía,
la viandas compartían
 para hacer la digestión,
de la Estepa anís bebían.
Y al final ellas decían:
“mucho ruso en Rusia
y muy buena la ensaladilla”
Del huerto las verduras nacían
que Paqui con salero
en su cocina metía
y las damas esperaban
con bienes ya alegría.

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