lunes, 19 de marzo de 2012

Razones para la huelga

Pese a la poca confianza que pueden despertar los sindicatos o lo difícil que resulta para la mayoría asumir el coste que significa la brutal reducción de sueldo por no ir un día a trabajar, la realidad es que motivos para la huelga no faltan ya que la reforma laboral que pretende implantar el PP supone un brutal retroceso en nuestros derechos. Veamos algunos ejemplos:

- la indemnización por despido improcedente pasa de 45 a 33 días.
- nueve días de ausencia, aunque sean justificados con una baja médica, pueden ser motivo de despido,
- puede haber despidos después de tres trimestres consecutivos con disminución de ventas, lo cual no significa pérdidas sino vender menos,
- es posible bajar el sueldo de forma unilateral tan solo con alegar pérdidas en la competitividad,
- se puede hacer un ERE sin ninguna autorización previa de la Administración,
- se suprimen los incentivos por reincorporación de la mujer tras la baja de maternidad.

Cuesta entender cuál de estos cambios va a servir para crear trabajo pero lo que es evidente que, una vez perdidos esto derechos, será muy difícil volver a adquirirlos, siga la crisis o no. Cabe recordar que estos derechos no cayeron del cielo sino que son el fruto de la lucha de muchas personas en momentos más duros que el actual. Y quien se va a llevar la peor parte va a ser, sin duda, la juventud, ya que lo único que se les va a ofrecer es trabajo precario. Se puede pensar que una huelga no cambia nada, pero es evidente que una huelga masiva si que puede ser útil y, si no, ¿por qué Rosell está intentando acabar con el derecho a huelga?

Dejo aquí este documento que explica algunos de los aspectos más llamativos de la reforma laboral que aún estamos a tiempo de parar.

2 comentarios:

  1. La reforma laboral es sangrante, tremenda, inasumible, y hay que oponerse a ella de forma eficaz. A mi me parece, sin embargo, que una huelga como la del 29 no va a cambiar absolutamente nada. Al día siguiente se presentará el proyecto de presupuestos sin que el hecho de que haya habido una huelga masiva implique el cambio de una sola coma de tales presupuestos. Lo que hay que hacer es votar alternativas; porque las leyes se hacen en el Parlamento, no en la calle. Si la gente se queda en casa en vez de votar a partidos que puedan acercarse a lo que defendemos no hay nada que hacer por muchas huelgas que se planteen.
    La huelga general tiene una connotación revolucionaria que en determinados momentos y contextos suena bien. Una huelga general indefinida (subrayo indefinida) es realmente algo agresivo y una apuesta que podría cambiar el sistema. Una huelga general de un solo día tiene el encanto de la revolución de salón, el recuerdo de los años de lucha dura y, con frecuencia, heroica. Una huelga general de un día tiene algo de fiesta democrática y social, y así se han vivido las huelgas generales en España desde aquella primera en la democracia de 1988. El problema es que ahora la gente no está para fiestas, la gente no necesita fuegos de artificio que permitan justificar a unos sindicatos incapaces de ofrecer alternativas reales; la gente está para que se planteen medidas que realmente puedan cambiar las cosas, no por brindis al sol que no implicarán ningún cambio en absoluto, ni el más mínimo.
    En esta ocasión discrepamos, Sonia, aunque me parece que menos de lo que parece. Creo interpretar que los dos lamentamos y criticamos esta reforma laboral salvaje y sin sentido, los dos somos escépticos con los sindicatos, me parece; y solamente nos separa que a mi la huelga me parece inútil, salvo para los intereses sindicales; y tú piensas que aún se podría conseguir algo con ella. Ojalá aciertes tú.

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    1. Es obvio que los sindicatos tienen que reinventarse y, por supuesto, soy crítica con ellos. Para mí, la huelga, es una manera de demostrar que no estamos conforme con semejante pérdida de los derechos tan duramente conseguidos. En Francia, por ejemplo, con huelgas generales contundentes, han logrado impedir que se impongan reformas que aquí sí nos han colgado.

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