miércoles, 7 de marzo de 2012

8 de marzo

El año pasado, por estas fechas, yo estaba en Venecia, invitada por la Università Ca' Foscari y, tal día como hoy, las calles se empezaron a inundar de mimosas, que es la flor que se regala el día de la Mujer. Sumar a la ciudad más bella del mundo la alegría y el aroma de las mimosas es hacer explosionar todos los sentidos a un tiempo. Y es que, además, por todas partes vendían caramelos de mimosa y caminar por Venecia es siempre sentirse arrullada por el sonido del agua. Luego, al caer la tarde, el Spritz acababa por dejar suspendida mi razón para caer irremediablemente en los brazos de la ciudad.
En el día de la mujer podría hablar de las discriminaciones, de todo lo que nos queda por conseguir -basta recordar la airada respuesta de ciertos miembros de la RAE ante la visibilización de la mujer en la lengua o la violencia estructural que, según Gallardón, supone el aborto-, de como los derechos de la mujeres son cada día pisoteados en diferentes lugares del mundo... pero prefiero brindar un ramito de mimosas a todas mis lectoras. Va por vosotras.

2 comentarios:

  1. Sonia! De verdad que te has ganado la sevillana para encima de tu tele a pulso! Ojalá hubieran más personas como tú en este mundo! Da gusto hablar contigo, asistir a tus clases y absorver esa vitalidad que te caracteriza. Contigo se cumple el dicho que dice que en los botes pequeños se guarda la buena confitura. Con lo pequeña que eres, y lo grande que eres a la vez! Ole, ole, y ole!

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