sábado, 13 de julio de 2013

¿Derecho a decidir qué?

Hace una semana escribí una entrada que tenía como tema principal, tal y como sugería el título, los insultos
que cualquiera se expone a recibir si cuestiona según que temas en Cataluña así como criticar la lista de adhesiones que había anunciado Artur Mas. El texto se difundió rápidamente y pronto empecé a recibir comentarios hasta el punto que ya hay más de una cincuentena. Lo curioso del caso es que ninguno de ellos versa sobre el tema del que yo quería tratar sino sobre lo que afirmaba en la introducción con respecto a la gramaticalidad del sintagma "derecho a decidir". Algunas de las aportaciones son insultos contra mi persona -lo que sirve para ilustrar la tesis del artículo- y otros me atribuyen cosas que yo en ningún momento he dicho, como que estoy en contra de los referendos y, por extensión, de los Derechos Humanos (?), lo que hace pensar que, quizá, esas personas nunca pasaron del primer párrafo. También es posible que yo despachara el asunto que excesiva ligereza pero, insisto, se trataba tan solo de un elemento introductorio y no del eje principal. En todo caso, visto el interés que suscita, creo conveniente intentar explicar mejor mi opinión al respecto.
Decía en la anterior entrada que "decidir" es un verbo transitivo por lo que necesita obligatoriamente de un objeto directo para que su significado sea completo y, en este caso, no aparece por ninguna parte. La sintaxis es equivalente en todas las lenguas, es decir, que lo que es un sujeto en catalán lo es en lituano y lo que es un complemento indirecto o dativo en sánscrito también lo es en inglés ya que, salvo en contadas ocasiones, la naturaleza de un verbo es idéntica en todas las lenguas. En el caso del catalán y del español se puede argumentar que se trata de un uso absoluto del verbo "decidir" -por eso algunos lingüistas prefieren hablar de construcciones transitivas que de verbos transitivos- como el que encontramos en oraciones como "tú siempre decides" pero, en este caso, resulta importante identificar el complemento directo porque no es tan evidente como se nos quiere hacer creer. Por ello, mi primera cuestión es cómo se ha traducido esta construcción en las lenguas más habladas de nuestro entorno. Busco en google.co.uk "right to decide" y veo que tan solo aparece en tres medios internacionales -el resto son textos generados por instituciones u organismos catalanes-, uno de Escocia, otro de un partido verde australiano y un tercero, International Journal of Socialist Renewal. En los tres casos, añaden a la construcción el imprescindible complemento directo, "its future" en el primero y "future" en los otros dos.
Veamos qué pasa con el francés, lengua tan cercana al catalán y al español. Le pregunto a Henry Laguérie, periodista galo afincado en Barcelona cómo se traduce en los medios de su país el "dret a decidir" y su respuesta es: "No hay traducción exacta. Igual sería "le droit d'autodetermination". Me decido a buscar entonces la traducción literal, es decir, "droit de décider" y, como en el caso anterior, las apariciones son mínimas. En este caso aparece en un periódico católico francés, Le Croix, que en una entrada del 25 de noviembre de 2012 lleva el concepto en su titular pero, eso sí, convenientemente entrecomillado y con la apostilla "des Catalans". También aparece en Le Journal de Montreal, esta vez sin comillas y en la sección de opinión.
Finalmente, decido averiguar cómo se traduce en Alemania y para ello le pregunto al periodista germano Lukas Grasberger que me responde: "El <<derecho a decidir>> no existe. Existe el <<derecho de autodeterminación>>, una cosa legalmente clara, que se entiende. Supongo que han elegido a propósito una expresión poco clara para evadir las consecuencias. Con esta media frase del <<derecho a decidir>>, gramaticalmente, cada uno en Alemania se preguntaría: <<¿decidir qué?>>. Otra vez el complemento directo. Qué tozuda es la naturaleza verbal.
Obviamente, coincido con la opinión de Grasberger. Tener derechos es muy bonito y a todos nos gusta decidir así que, ¿quién va a renunciar a semejante privilegio? Pero claro, al no concretar a qué se refiere, aquí cada uno puede entender lo que más le plazca. Mientras muchos sobreentienden que lo que se va a decidir es si Cataluña se independiza o no, Núria de Gispert, presidenta de el Parlamento de Cataluña, afirmaba la semana pasada que las preguntas podían ser múltiples: "¿Quiere usted el concierto? ¿Quiere usted que nunca nadie más entre en nuestras competencias? ¿Quiere usted tener voz propia en Europa? ¿Quiere la independencia de Cataluña? ¿Quiere un estado propio?" Resulta cuanto menos curioso que todas las preguntas tengan que ver con el exterior y no haya ni tan solo una relacionada con la política propiamente catalana. ¿Será que sobre eso no tenemos derecho a decidir?

NOTA: Este artículo se publicó el 13 de julio de 2013. En aquel momento, pocas personas cuestionaban la legimitidad -y mucho menos la gramaticalidad- del "derecho a decidir". Sin embargo, a partir de septiembre, empezaron a surgir voces, algunas de gran renombre, en esa línea -que enlazo a continuación en orden cronológico- como Javier CercasMario Vargas LlosaÁlex Grijelmo que coincide plenamente con la argumentación e incluso el título de esta entrada, Felipe GonzálezJoaquim CollAntonio Zarzalejo y Francisco Morente. El colmo de la desvergüenza la encontramos en las declaraciones que realizó Agustí Colomines de CiU realizó en un programa de televisión diciendo, literalmente que "el derecho a decidir es una chorrada que nos inventamos". Como se puede comprobar en el vídeo, sus compañeros de tertulia, entre los que se contaba Carme Forcadell, aplaudieron la ocurrencia.
Finalmente, yo misma amplié el tema añadiendo consideraciones jurídicas en este artículo en Crónica Global.

12 comentarios:

  1. Está claro por qué se ha dado el cambio de paradigma del derecho de autodeterminación al "derecho a decidir". El derecho de autodeterminacion no es aplicable al caso catalán, y por ello se recurre a lo único que queda, que es que la gente simplemente vote.

    Llamar esto "derecho a decidir" es una falacia, como ya hemos visto en la entrada previa y los comentarios ahí, y otra vez en esta.

    El "derecho a decidir" no existe allende de los Pirineos. Lo que sí se está debatiendo en el mundo es cuándo la secesión deviene un derecho. Es un debate de moral política más que legal. Resumiendo muy brevemente, la secesión es un derecho cuando la permanencia en el estado matriz representa agravios importantes para la parte de la población en cuestión. Por eso, en Cataluña y desde Cataluña se hacen a diario grandes esfuerzos para demostrar que los catalanes están oprimidos.

    Ayer mismo lo hizo Artur Mas, otra vez:

    http://politica.e-noticies.cat/mas-diu-al-brasil-que-espanya-no-respecta-la-llengua-ni-la-cultura-dels-catalans-77493.html

    El recurso del "derecho a decidir" tiene una ventaja y una desventaja. Abre la posibilidad a definir el demos de varias maneras, es decir es más abierto en este sentido que el derecho de autodeterminación, que siempre es de los pueblos.

    La ventaja es que aunque los separatistas catalanes son pancatalanistas, pueden centrarse (por ahora) en sólo una parte de la "Nación catalana". (Lo malo vendrá después, cuando contraviniendo el derecho internacional de lo que hoy tiran tan a gusto trabajen para anexionarse más territorios.)

    La desventaja es que se puede (re)definir el demos también dentro de Cataluña, fracturándola. Este riesgo explica también por qué en Cataluña los separatistas insisten tanto en la unidad ("un sol poble", "cohesión", etc.), y por qué en vez de pedir el referendo, el Govern, con el apoyo de la mal llamada "sociedad civil", esté buscando el "choque de trenes" con Madrid que le podría regalar una unidad frente a la adversidad compartida.

    Por desgracia, para el nacionalismo, éste muestra los tics autoritarios y totalitarios de costumbre. Para citar sólo uno: Llamar constantemente "traidores" y "enemigos" a los disidentes es senzillamente revelador. Lo es aún más cuando se les llama "español/españolista" (cierto racismo aquí), pese a no conocer la procedencia del otro, que, como es mi caso, bien puede ser de fuera.

    Y es por eso, porque el nacionalismo es una bestia, y no por rechazo al principio de la autodeterminación ni en su acepción más amplia, que para estar al lado de la libertad hoy me opongo al separatismo (el catalán) aunque anteriormente me haya alineado con él en otros países. Lo digo a consciencia de la manera más personal.

    Para mi, el nacionalismo catalán, que hoy es mayoritariamente separatista, es la antítesis de todos los principios que la humanidad valora, y que ha costado muchos siglos, muchos esfuerzos, muchos sacrificios, mucho sufrimiento y muchos muertos para hacer realidad; y que aún hoy son todavía tan cuestionados.

    Por los de siempre, claro está.

    ResponderEliminar
  2. No había caído en la incorrección gramatical que denuncias y que, tras leerte, se ve muy clara. De hecho, el tema de la pregunta es una de las claves de este laberinto. Me sorprende que haya tantas preguntas posibles y que casi se debata con más intensidad sobre cuál debería ser la pregunta que sobre el fondo del asunto. La confusión sobre este tema -creo que interesada- es el último reducto del victimismo nacionalista. Apuesto a que si finalmente se convoca la consulta (por el gobierno central, claro, que sería el único legitimado para ello) se rechazará su validez desde las filas nacionalistas con el argumento de que la pregunta (sea la que sea) no era la adecuada.
    La cosa, además, no es demasiado complicada. Realmente, desde una perspectiva lógica, los catalanes no podemos decidir más que si seguimos en España o nos vamos. Cualquier otra cosa (la famosa "articulación" con el resto de España, el modelo federal o una mayor autonomía) no puede ser decidida más que con el conjunto de los españoles. Me sorprende que tantos planteen una consulta múltiple en la que, por ejemplo, se indique si se prefiere un Estado federal, confederal, una autonomía más profunda o cualquier otra cosa ¿de dónde pensamos que sacamos la legitimidad para decidir algo que afectaría a todos los españoles? Como digo, la decisión solamente puede ser una: o nos quedamos o nos vamos. Ya lo comentaba hace seis meses cuando estaba todavía en sus inicios la "internacionalización del conflicto" que tan bien le ha ido a Mas (http://jardindehipotesis.blogspot.com.es/2013/01/consulta-para-que.html)

    ResponderEliminar
  3. Muchísimas gracias por la intervención, es un lujo contar con la opinión de un catedrático en Derecho Internacional. Muy reveladora la entrada de tu blog.

    ResponderEliminar
  4. Pidiendo perdón que acapare tanto espacio, esta entrevista parece de relevacia para el tema:

    http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/3-politica/17-politica/662605-el-proces-esta-tan-avancat-gracies-a-la-societat-civil.html

    Nos indica que "derecho a decidir" ha mutado para significar, me parece que para muchos, otras cosas como "referendo" o hasta "independencia", y más allá. Es Orwell a la segunda potencia, manipulando encima de la manipulación (del lenguaje).

    Y sobre esta base, la descarada mentira: la entrevistada, como no puede ser de otra manera es de ERC, hace creer que el PSC no está por el "derecho a decidir", aunque claramente lo está, y lo ha demostrado tanto en el Congreso como en el Parlament. Eso sí, el PSC propone votar "no" a la independencia, cosa que en un verdadero ejercicio de un verdadero derecho a decidir no tendría que causar ningún problema.

    "[...] Que [el PSC deje] de hablar de federalismo y que [venga] a trabajar en aquellos espacios donde todos intentamos ponernos de acuerdo para ejercer la democracia."

    Sí, ha dicho "todos". Y ha dicho "democracia".

    Cuando a esto lo llamamos (proto-) fascismo, es esta la gente que pone el grito en el cielo por un "ataque contra Cataluña".

    ResponderEliminar
  5. He leído, creo que con atención, las dos entradas de tu blog a propósito de la "cuestión nacional". Te felicito, Sonia, por la calidad, la profundidad y la precisión de tus observaciones que pertenecen a esta extraña realidad en la que estamos sumidos los que hemos nacido, vivimos y trabajamos aquí.

    Otro de los elementos que me parece digno de comentario en esta pulsión es la "exigencia opinativa" en relación a si tenemos derecho a decidir o no (sobre la transitividad del verbo decidir no es necesario insistir, salvo que tuviésemos problemas en 3º de ESO). La sorpresa, como ciudadano informado, es mayúscula porque parece que debemos tener una formación en derecho internacional para considerar el asunto de un modo adecuado. Aquí el término "demogógico" lo usamos según nuestros intereses.


    Apunte final.

    Alguno de los honorables defensores del derecho a decidir (¿qué?) -procedentes de las grandes tradiciones progresistas e izquierdistas del país- se pregunta si tenemos derecho a decidir por la organización de un presupuesto público, sus partidas, los objetivos de gasto y todas las decisiones que afectan a la existencia cotidiana, real, concreta de un ser humano. En absoluto. Se espera que una vez libres del expolio fiscal del resto del estado aquí ataremos los gatos con longanizas.

    En fin. Reitero mi felicitación por las dos entradas y por algunas indicaciones simpáticas sobre el concierto y sobre ciertos personajes del "staff" oficialista.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por sus palabras. El "derecho a decidir", que parece tan universal, solo existe en Cataluña, como resulta evidente en la falta de traducciones a otros idiomas, y se define como "radicalidad democrática" y la idea es que el demos (catalán, por supuesto) puede decidir sobre absolutamente todo. A la práctica, vemos que eso no es cierto.

      Eliminar
  6. Como suelo decir a mi mujer independentista, yo no tengo, en principio, ningún problema en que Cataluña sea independiente. Sólo que no de esta forma. No con estos procedimientos. No con estos políticos. Aquellos que viven lejos de esta olla a presión que es Cataluña no saben, no pueden saber lo que es vivir en medio de esta contínua corriente programada y dirigida de:
    -Mentiras emitidas por los medios de comunicación catalanes públicos y privados. Subvencionados por la Generalitat (véase DOG)
    -Manipulación y mistificación de hechos históricos,cifras y estadísticas.
    -Mensajes ya no de odio, sino de simple desprecio o ignorancia que los escolares reciben en muchos centros de enseñanza acerca del país donde viven.
    -Encubrimiento de la inmensa, inabarcable corrupción enquistada en los círculos de poder en Cataluña que la propia ciudadanía catalana prefiere no ver ya que, amigos, son de los nuestros.
    -División entre buenos y malos. Entre colonos y catalanes. Muchos ya no podamos hablar con libertad de ciertos temas ni siquiera con los amigos.
    -Multas lingüísticas, inmersión en un idioma no materno, corrupción, despotismo...
    En serio, la idea de España no me causa ninguna emoción especial, pero la idea de Cataluña, en este momento, tan solo de provoca miedo. Uno pretende vivir su vida, que su familia sea todo lo feliz posible, llevar adelante su carrera profesional... ¿Cómo planificar nada si no tenemos idea de la situación que habrá aquí dentro de, digamos, un año?
    Ahora solo espero, como ya he tenido que oir más de una vez en los últimos meses aquello de "¡Márchate de Catalunya, charnego!"
    Hace tiempo que perdí el sentido del humor y mis ganas de razonar con los Coreanos del Norte del Sur de Europa. Por cierto, hace tiempo que ya no firmo con mi nombre. Decidí hacerlo así desde que recibí varios mensajes de uno que tuvo derecho a decidir que quería amenazarme.
    Disculpas por el desahogo. Se que no aporto nada al contenido del post. Pero en serio, es que desde la racionalidad le podamos dar vueltas y vueltas al tema, pero los independentistas no están por la racionalidad. No vale la pena intentar razonar con ellos. Horas y horas perdidas en ello me avalan.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tiene que disculparse por la intervención: cualquier aportación respetuosa al debate es siempre bienvenida en mi blog. Comparto lo que dice en su post: cualquier opción es válida y, por supuesto, la independencia también. El problema son las formas: el engaño, la manipulación del lenguaje, las cortinas de humo para tapar la corrupción y, como escribía en mi anterior entrada, los insultos contra se atreve a opinar de forma diferente al pensamiento único impuesto desde el poder mientras se llenas la boca con sus supuestos deseos de dar la voz a un cada vez más mítico "pueblo".

      Eliminar
  7. Después de leer todos los comentarios sobre el post, los cuales coincido hasta en los espacios entre palabra y palabra, sólo me surge una reflexión al respecto:

    Es curioso que siempre se hable de "derechos" o del "derecho a decidir (¿?)" y de lo que ello engloba. Sin ellos, parece ser, que uno no es lo suficientemente democrático o que va en contra de las libertades de no sé quién.
    Echo muy en falta, que no se reclame y/o exija también el deber de "cumplir con las leyes"! Que aunque el verbo "cumplir", en este caso, no sea transitivo deja bien claro su significado. Es más, no deja ningún género de dudas, contundente.
    La gran mayoría de los ciudadanos tenemos más que asumido que tenemos derechos pero también deberes, así lo marcan la Constitución y l'Estatut. Pero ¿y los cargos y administraciones públicos catalanes?
    Estos deberían dar ejemplo, además de cumplir la ley por oficio. Desgraciadamente día si y día también asistimos a una serie de desobediencias o provocaciones por parte de los mismos, siempre poniendo al "poble" por delante, eso sí. Hablan y piensan en nombre de él, porque se creen con esa legimitidad y éso dice muy poco a su favor.

    No se olviden de ésto: el "poble" será el culpable y total responsable de todo cuanto pase en un futuro. Se escudan en él. Y en él también caerá el dedo inquisidor por parte de los que lo están arrastrando a la irracionalidad.

    (Aquí les adjunto un par links que reflejan lo que estoy escribiendo).

    http://www.ciu.cat/fitxa_video.php?v_id=42692&c_id=9&entities=153&type=

    http://www.expansion.com/2013/07/11/catalunya/1373549410.html

    En definitiva: todos, absolutamente todos deberíamos cumplir con nuestros deberes, si, hablo de nada más y nada menos de cumplir con las leyes que nos permiten vivir en libertad.
    Las libertades, y los derechos dicho sea de paso, siempre vendrán desde ese cumplimiento, que a su vez son las que garantizan la convivencia democrática siempre dentro de un marco constitucional.
    ¿Qué podemos esperar de unos dirigentes políticos que no las cumplen o tienen intención de incumplirlas a la mínima de cambio? Me temo que nada bueno. No se dan cuenta de lo peligroso que puede llegar a ser esto.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por la aportación. A mí también me preocupa sobremanera que los políticos se dediquen a no cumplir las leyes y, además, se escuden en "el poble". Por cierto, lo de apelar constantemente al pueblo tiene un adjetivo calificativo bastante claro: populismo.

      Eliminar
  8. Cada vez que alguien pronuncia la expresión "derecho a decidir" el Dios de la Sintaxis mata un gatito.

    ResponderEliminar