jueves, 16 de agosto de 2012

Solteras y amigos invisibles

Hay dos tipos de invitaciones que siempre declino amablemente: las despedidas de solteras y los amigos invisibles. En ambos casos se trata de tradiciones que se implantaron allá por los años 90 y ahora parecen casi ineludibles. Creo que ambas reflejan muy bien el espíritu de una época que permitía la frivolización lo cual no deja de tener, por supuesto, cosas positivas. La última vez que fui a una despedida de soltera no daba crédito al ver que el dinero que yo había dado para comprar algún regalo a la novia se había transformado en todo tipo de falos: un delantal con falo, un abridor con forma de falo, un pastel en forma de falo y un simpático falo saltarín que hizo las delicias de todas la comensales. Y, entiéndanme, no es que tenga nada en contra de los falos, todo lo contrario, pero me parece que son demasiados años de feminismo para acabar con semejante alegato falocentrista. Además de que, más allá de aquella noche, dudo que  regalos así vayan a ser utilizados nunca más. Vamos, yo voy a cenar a una casa y me encuentro a la anfitriona con un delantal de esa guisa o me abren la cerveza con un pene y me da qué pensar. Es decir, dinero malgastado en algo que no tiene ninguna utilidad y que, además, va a generar unos residuos totalmente innecesarios en un planeta -el nuestro- que anda bastante escaso de recursos.
Y esto me lleva al siguiente tema, el de los amigos invisibles. Con diferentes variantes, la idea principal del amigo invisible es comprar un regalo para alguien anónimo o bien alguien que te ha tocado por sorteo y se suele establecer un precio que se presupone máximo y mínimo. ¿Qué sentido tiene hacer un regalo a tontas y a locas o a alguien que no sabes ni quién es? ¿Y qué sentido tiene recibir un regalo así? Se supone que el regalo es algo que se hace desde el deseo de mostrar nuestros buenos sentimientos hacia alguien. A partir de estas premisas, resulta realmente difícil que el destinatario esté satisfecho con el presente recibido por que lo normal es que, tras un breve período de tiempo, pase a generar nuevos residuos que se han de sumar a los que ya ha generado con el envoltorio. Y todo esto, ¿para qué?
En Alemania, por ejemplo, en lugar de amigo invisible, después de las fiestas, se reúnen e intercambian aquellos regalos que no les han gustado. A eso le llamo yo sentido práctico. Aunque se trate de  algo bastante anecdótico, creo que sirve para ilustrar la relación que tiene ellos con el dinero y el aprovechamiento material, algo que se puede comprobar, también, por la gran cantidad de mercadillos y tiendas de segunda mano que hay en ese país. Así, de la misma manera que la gente participa de forma masiva en los amigos invisibles, gastando un dinero que, por pequeña que sea la cifra, siempre podría tener un mejor destino, en España se ha permitido que los políticos gasten nuestro dinero en obras que han resultado ser tan inútiles como los regalos de aquella despedida de soltera.

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