martes, 3 de abril de 2012

Indignidad

Según el comunicado de la Associació d'Estudiants Progressistes, el pasado 29 de marzo los Mossos d'Esquadra, con un dispositivo de veinte furgonetas, comenzaron a intimidar y a perseguir a estudiantes que formaban parte de los piquetes informativos que, ante la situación, decidieron dividirse para huir. Fue entonces cuando capturaron a Isma y a Dani que, desde entonces, están privados de libertad bajo la acusación de violencia callejera y desórdenes públicos. Están en prisión preventiva por pertenecer a un supuesto grupo organizado responsable de los frecuentes alborotos que se producen en la ciudad de Barcelona. Su entorno niega ese hecho y, además, se trata de alumnos de Químicas y que, al parecer, son brillantes. Todo esto está en consonancia con el hecho de que, desde el Gobierno del PP y con la connivencia de CIU, se quiere llevar a cabo una reforma del Código Penal en el que se equipare penalmente los actos de vandalismo generalizado con los sabotajes del terrorismo callejero de apoyo a ETA o kale borroka. Eso sí, cuando en Els Matins de TV3, la entrevistadora le ha hecho notar al conseller d'interior, el tristemente célebre Felip Puig, que la gente no entendería que se les aplicara eso kale borroka a los vándalos de las celebraciones del Barça, este se ha apresurado a desmarcarse del término. Cabe recordar que en ninguna manifestación se han producido tantos desperfectos ni atentados contra bienes públicos y privados como en las grandes celebraciones por las victorias de dicho equipo. 
Así las cosas, ayer 2 de abril, se celebró una concentración en Plaza Universidad para pedir la libertad de los dos detenidos que se convirtió, de forma espontánea, en una manifestación hasta la cárcel Modelo. Allí, los Mossos, con unos chalecos que ocultaban el número de identificación, los cascos puestos y una bufanda que les tapaba media cara, custodiaban el edificio porras en mano. Pero ¿qué esperaban? ¿Una toma de la Bastilla 2? Se trataba de una manifestación pacífica y bastante numerosa en la que no se había producido ningún disturbio pero, de repente, vimos a dos jóvenes muy nerviosas que empujaban una silla de ruedas vacía. Habían detenido a su dueño y la habían dejado allí esperando que alguien se hiciera cargo de ella. En la silla estaba toda la documentación del detenido, José Miguel Esteban que, en un auténtico acto de guerrilla urbana, había pretendido ir por la acera. Difícil es explicar la rabia e indignación que sentimos. Unas personas se hicieron cargo de la silla; otras, llamaron a un abogado; otras, hicimos fotos para difundirlas en las redes sociales y hablamos con los medios de comunicación que empezaban a llegar a la zona. A uno de los periodistas, por cierto, le pegaron con la porra mientras intentaba grabar dicha detención pese a que iba bien identificado con un chaleco naranja en el que ponía "premsa". Y, por supuesto, todo el mundo estaba muy preocupado por esa persona que no puede desplazarse si no es con su silla y, para colmo, él se encarga de cuidar a su mujer, con una enfermedad terminal, que estuvo sola en su casa hasta que Josemi fue liberado a las 6 de la mañana. Y mi pregunta es, esos mossos, ¿pudieron dormir bien esa noche? ¿Están satisfechos con su trabajo bien hecho?



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