jueves, 22 de septiembre de 2011

La ausencia

La ausencia es, quizá, un de los sentimientos más doloroso, ya que posee una capacidad devastadora para carcomer las entrañas de quien la sufre. Me cuenta J. que cuando tenía siete años su madre lo dejó en Ecuador con su abuela para venirse a España y, aunque su abuela lo cuidó con mucho amor, le faltaba, a esa tierna edad, el cariño de su madre. Estuvo tres años sin verla y cuando volvió a su país, la situación era difícil porque a esa edad, tanto tiempo es una eternidad y él ya no la reconocía. En los tres meses que estuvieron juntos le dio todo el amor que tenía guardado y dice J. que nunca ha llorado tanto como el día que fue al aeropuerto a despedirla. Ahora él también está en España, feliz con su madre, pero con la pena de estar lejos de su abuela que, poco a poco, se fue convirtiendo en una segunda madre. Me conmueve esta historia, el dolor desgarrador de esa madre y ese hijo separados por todo un océano y de esa abuela, lejos de su hija y de su nieto. Pese a todos, ellos se tienen, aun en la distancia.

Hay otro tipo de ausencia más desgarradora todavía, por lo que tiene de irreversible, que es la de la muerte y por eso me resulta admirable que alguien pueda tranformar una experiencia tan terrible en arte. Ese es el caso del espectáculo Hivernacle de la compañía "Una del montón" que actúa estos días en el Teatro Tantarantana de Barcelona. La bellísima bailaora Ana Pérez transformó el dolor del fallecimiento de su padre en una coreografía que pretende ser, como si de un invernadero se tratara, un espacio para refugiarse del frío que se nos queda en el cuerpo cuando Las Parcas irrumpen en nuestra vida. Pese al dolor inicial, se produce la reconciliación con las hermosas palabras -cito de memoria- "este dolor no puede ser malo si viene de ti" y el enérgico zapateado final. Hermosa lección de vida, sin duda alguna.

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