lunes, 7 de mayo de 2012

12M15M


A punto de cumplirse un año del ya célebre 15M, rememoro aquel luminoso domingo de 2011 en el que quedé con mis amigos en Plaza Cataluña, con muchas ganas de exteriorizar nuestra rabia por un futuro que se perfilaba del color de las hormigas. No teníamos muy claro quiénes eran los organizadores de la manifestación -unos por entonces casi desconocidos "Juventud sin futuro" y "Democracia Real Ya"-, si habría mucha gente o de qué tipo serían. Para nuestra sorpresa, se congregaba allí una multitud de personas de todos tipos y edades, sin ninguna filiación política o sindical explícita y con un haztargo evidente por cómo estaban las cosas. Mientras avanzaba la manifestación, nos íbamos encontrando a amigos y conocidos por el camino y al llegar a la Ciutadella se notaba en el ambiente que aquello había sabido a poco, que la gente quería más y que empezaba a recorrernos una fuerza y una energía que pronto habrían de germinar. Al día siguiente era laborable así que, a una hora prudencial, nos retiramos y aún puedo recordar el optimismo que nos embargaba. Teníamos claro que algo iba a cambiar, lo que no podíamos saber era hasta qué punto.
En Madrid, unas cuantas personas decidieron acampar en Puerta del Sol para seguir con la protesta, los intentaron desalojar y una gigantesca ola de solidaridad recorrió toda España y las acampadas se multiplicaron por las plazas, primero en las grandes ciudades y, poco a poco, en cada ricón. Personas en paro, estudiantes sin esperanzas, jubilados soportes de sus familias extensas, personas contrarias a la democracia adulterada, todo el mundo se lanzó a las calles para gritar su indignación, para escuchar y aprender de los demás, para organizarse en comités y asistir a asambleas en las que de verdad creímos que podíamos cambiar el mundo. Los medios que habían ninguneado esta primera manifestación, se apresuraron a llenar portadas con las acampadas; los políticos, temerosos por el resultado de los cercanos comicios, a ganarse las simpatías mientras que las personas indignadas dijimos basta, se acabó lo que se daba.
Una parte importante de los opinadores profesionales se apresuraron a decir que aquello se extinguiría tan rápido como había surgido, que las acampadas no aguantarían la semana previa a las elecciones; después, que una vez celebradas, ahora sí que desaparecería. Se equivocaron una y otra vez. El movimiento ha seguido en las asambleas de barrio, en la PAH, en las acciones de los yayoflautas, en las asociaciones de estudiantes, hemos seguido saliendo a la calle una y otra vez. Y volveremos este fin de semana para celebrar nuestro aniversario. ¡Feliz 12M15M!

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