miércoles, 30 de marzo de 2011

Aperol

Siempre he presumido de lo poco alcohólica que soy. También he presumido bastante de que jamás me hago adicta a nada pero, lo cierto, es que me basta una semana en Berlín para no querer beber más que cerveza alemana y otra en Venecia para volver enganchadita al Spritz. Lo de la cerveza no tuvo mayor problema, pues hay en cualquier super. Lo del Spritz ya fue más complicado porque encontrar Aperol en Barcelona es difícil. Y sí, en algunos bares -pocos- te sirven el preciado aperitivo pero no me parecía de recibo echarme a la calle a cualquier hora para calmar mi mono cual mujeruca. Mi querido Arcadi me decía, "hija, pues hazlo con Campari, que tampoco hay que ser tan exigenta". Pero no, yo quería mi Spritz con Aperol. Hasta que lo conseguí. Una vez que lo tenía en mis manos, pensé, durante un instante, que aquello podría dar al traste con mis buenos propósitos de hacer dieta, entre otras cosas ,porque yo no soy capaz de beber si no es picando algo. Pero luego, al leer en la etiqueta que estaba realizado a base de hierbas ya me tranquilicé. Mi osteópata me acababa de recomendar tomar infusiones relajantes y yo pensé que esto venía a ser lo mismo. Además, que en el sifón especificaba que tenía 0 calorías.
Mi asistenta de baja, Román haciéndose pis por toda la casa, montones de trabajo por corregir y varias tareas burocráticas por hacer. Y yo, feliz. Porque, pensaba, no se me ocurre nada mejor para inagurar un blog que brindar con Spritz.

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