miércoles, 12 de octubre de 2011

Protocolo chino


Aun a riesgo de quedar como poco discreta, lo voy a decir: Arcadi estudia chino. Y no solo eso, se ha apuntado a un curso de protocolo chino porque le hacen precio en la Casa de Asia. Sin duda, Arcadi es un hombre con vistas de futuro, tanto que este verano decidimos apuntarnos juntos a un curso de I Ching. Los argumentos con los que me convenció fueron los siguientes: Esperanza Gracia, pese a ser nuestra líder mundial en el Más Allá Occidental, empieza a estar de capa caída y los tarotistas de los canales digitales no tienen ningún tipo de credibilidad así que es el momento de ampliar el mercado, hacerse un nombre en el Más Allá Oriental y forrarse saliendo en la tele haciendo predicciones. Visto así, no había manera de negarse por lo que miramos los horarios del curso y todo pero dada nuestra gran afición a los planes imaginarios y nuestra todavía mayor pereza para llevar estos a su materialización, jamás llegamos a ir.

Pero con el protocolo chino es otra cosa y Arcadi ya se ha puesto. Yo le comenté que a mí de siempre me había encantado la idea de hacer un curso de protocolo así, en general, y, como somos almas gemelas, él me dijo que lo mismo, que loquito por hacer uno, pero que siempre que los había mirado eran demasiado específicos tipo “Protocolo de la Casa Real Holandesa”, y claro, cuándo nos vamos a ver nosotros invitados por tan ilustre familia. Animadísimos por el Spritz XXL que nos habían servido en el bar “Venecia” –que de Venecia solo tiene el nombre, por cierto- ya nos veíamos los dos aprendiendo a poner bien los cubiertos y a hacer reverencias cuando toca y en esas me suelta Arcadi:
-          Oye, ¿y en la casa okupa no harán cursos de protocolo?

jueves, 6 de octubre de 2011

Ya se han casado

De la Duquesa de Alba se dice constantemente que siempre ha hecho lo que ha querido. Suerte que tiene. A mí me hubiera encantado tener esa fama, pero es que he estado demasiado ocupada en estudiar, en buscarme la vida, en trabajar un montón de horas... en fin, esas cosillas que te pasan cuando no eres Grande de España y no tienes ni un mal título nobiliario. Ahora, eso sí, me parece estupendo, cada una es libre de convertirse en un hazmerreír tanto como desee -o la pasta se lo permita-, sobre todo si sabes que tienes detrás a un enjambre de periodistas o colaboradores de programas varios dispuestos a decir lo valiente que eres, lo bien que vistes y lo bohemia que eres. A veces me da la impresión de que una parte de la población de este país siente nostalgia de tiempos remotos y pretenden mantener antiguos usos como los del vasallaje sin ir más lejos. Así, mientras que aquí tenemos que aguantar sandeces sobre el triunfo del amor, en la prensa internacional hablan de una mujer excéntrica y extravagante y de unos hijos que respiraron aliviados el día que repartió la herencia en vida. Porque esa es otra, los hijos. Yo, que tengo como uno de los libros de cabecera  La enfermedad como camino cuya tesis principal es que la enfermedad nos hace sinceros ya que son la plasmación física de lo que nos pasa en la mente, creo no hay prueba más evidente del sentir de su prole que la oportuna varicela de Eugenia: la boda de su madre le ha provocado auténticos salpullidos.


Otro de los lugares comunes de cierta prensa autóctona es lo mucho que la quiere el pueblo, especialmente el de Sevilla. Pues motivos no faltan, sin duda, para tanto amor: esta buena señora se queda con una gran parte de las subvenciones que recibe la agricultura española y, para colmo, se acoge a cuanto chanchullo puede para pagar lo mínimo posible a Hacienda. De hecho, en Sevilla la quieren tanto que su estatua está siempre llenita de pintadas. Le pregunté a Arcadi, que para mí es una autoridad en todos estos temas, su opinión sobre la boda a lo que me contestó: "a mí me encanta cuando se ha puesto a hacer Kung fu en medio de la calle". Pues eso.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Las apariencias engañan


Las cosas ya no son lo que eran, eso desde luego. Una de las mayores decepciones de mi vida, por ejemplo, me la llevé en el centro de belleza al que acudía a realizarme la depilación láser. A ese mismo lugar acudían todas las gitanas y mucho de los gitanos de mi barrio… para tomar rayos UVA. Así que la cacareada piel morena de esa raza que puebla tantos poemas y canciones es, en realidad, fruto de las innovaciones tecnológicas estéticas. “Para que te fíes de los gitanos”, recuerdo que pensé.



Pero este verano me sucedió una cosa aún más sorprendente. Estaba pasando unos días en un pueblo de los Alpes, en la muy católica Austria y me puse a ojear un catálogo de esos con productos de teletienda. Aparecían por allí lindas figuritas de erizos, todo tipo de utensilios para el hogar, la socorrida batamanta, recipientes para dentaduras postizas… en fin, una serie de objetos que se suponen que hacen la vida más fácil pero de los que se puede prescindir perfectamente. En esas estaba cuando, de repente, aparece ante mis ojos la página dedicada a vibradores masculinos y femenino. A ver, que no se me malinterprete, que yo soy tan abierta y liberal como la que más, pero es que, a partir de ese momento, ya no pude mirar con la misma cara a esos ancianitos que los domingos se ponen su traje regional para ir a misa y luego a comer con la familia. Si ellos supiesen lo que esconden en el cajón de la mesilla de noche…

jueves, 22 de septiembre de 2011

La ausencia

La ausencia es, quizá, un de los sentimientos más doloroso, ya que posee una capacidad devastadora para carcomer las entrañas de quien la sufre. Me cuenta J. que cuando tenía siete años su madre lo dejó en Ecuador con su abuela para venirse a España y, aunque su abuela lo cuidó con mucho amor, le faltaba, a esa tierna edad, el cariño de su madre. Estuvo tres años sin verla y cuando volvió a su país, la situación era difícil porque a esa edad, tanto tiempo es una eternidad y él ya no la reconocía. En los tres meses que estuvieron juntos le dio todo el amor que tenía guardado y dice J. que nunca ha llorado tanto como el día que fue al aeropuerto a despedirla. Ahora él también está en España, feliz con su madre, pero con la pena de estar lejos de su abuela que, poco a poco, se fue convirtiendo en una segunda madre. Me conmueve esta historia, el dolor desgarrador de esa madre y ese hijo separados por todo un océano y de esa abuela, lejos de su hija y de su nieto. Pese a todos, ellos se tienen, aun en la distancia.

Hay otro tipo de ausencia más desgarradora todavía, por lo que tiene de irreversible, que es la de la muerte y por eso me resulta admirable que alguien pueda tranformar una experiencia tan terrible en arte. Ese es el caso del espectáculo Hivernacle de la compañía "Una del montón" que actúa estos días en el Teatro Tantarantana de Barcelona. La bellísima bailaora Ana Pérez transformó el dolor del fallecimiento de su padre en una coreografía que pretende ser, como si de un invernadero se tratara, un espacio para refugiarse del frío que se nos queda en el cuerpo cuando Las Parcas irrumpen en nuestra vida. Pese al dolor inicial, se produce la reconciliación con las hermosas palabras -cito de memoria- "este dolor no puede ser malo si viene de ti" y el enérgico zapateado final. Hermosa lección de vida, sin duda alguna.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Días de verano


A pocas horas de la vuelta al cole, recibo un e-mail de mi amiga con unas fotos de este verano, retazos de felicidad. Desde hace años tenemos una tradición, para nosotras sagrada, la de pasar unos días juntas en la Costa Brava. Horas en la playa, bajo la bendición del sol, contemplando -cada vez más de lejos- los juegos de sus hijos, de disfrutar de la belleza infinita de nuestro paraíso particular. Y noches de charlas interminables en la terraza, con esa sensación de ligereza que te da el Spritz.
Dentro de esa tradición estival, cumplimos con nuestro rito de ir de excursión a las diferentes calas y pedirle a nuestro faro que nos ilumine el año porque, para las personas que hemos vivido toda la vida regidas por el horario escolar, el año empieza en septiembre. Y cada año volvemos a admiramos por el milagro la naturaleza que inunda nuestros ojos y nos emocionamos por la gran cantidad de peces que vemos mientras buceamos. Adoro esa sensación de sentirte fundida en el mar, de vivir ese profundo presente.

Existe un proyecto para convertir nuestro lugar de peregrinaje en reserva marina pero la crisis -palabra que ya ha devenido en casi totémica- y la falta de acuerdo entre los diferentes partidos políticos lo han paralizado. Es evidente que la naturaleza nos sobrevivirá a todos pero no estaría de más que le echáramos una manita así que espero  que, finalmente, el proyecto llegue a buen puerto.
Y, mientras tanto, feliz inicio de curso.

lunes, 8 de agosto de 2011

Bella


He de confesar que soy adicta a todo tipo de masajes, tanto o más que al Sprit –por cierto, el otro día fui a comprar una botella de Aperol y me regalaron media docena de vasos con el logo Aperol-Spritz, que ya era hora que tuvieran un detalle, con la de publicidad que les llego a hacer- y esos masajes incluyen los de belleza, claro. Me gusta el placer que siento con el masaje así como los olores y el tacto de los productos que se usan y la música de fondo. Y, por supuesto, me gusta sentirme bella. Para mí la belleza es algo importante, tanto la de los demás como la mía. Y entiendo que esa belleza surge, sobre todo, de una vida lo más acorde posible a lo que somos y cómo queremos estar en el mundo.
            Un amigo colgó en su perfil de Facebook una de esas imágenes dobles de “sin photshop” y “con photoshop” que pretenden mostrar lo estropeaditas que están las famosas –el blanco de las burlas suelen ser, en la mayoría de los casos, la mujeres- sin pasar por la tecnología. A mí, sin embargo, me gustaba más la foto sin retocar. En esta aparecía una mujer de cierta edad, con arrugas, como es lógico, y bastante bella. En la otra, una cara de muñeca de porcelana engastada en un rostro anciano. Seguí mirando la página web de donde la había sacado y era uno de esos catálogos de los horrores que ha llegado a perpetrar la cirugía (supuestamente)estética en muchas personas, mayoritariamente mujeres otra vez.  Es decir, que muchos hombres –cirujanos, dueños de clínicas- están ganando mucho, muchísimo dinero a costa de la inseguridad de muchas mujeres, inseguridad que se refuerza por el bombardeo de imágenes falseadas en las que adolescentes simulan ser mujeres mayores o en las que lo que percibimos como una mujer son en realidad varias –en cine y televisión las piernas pueden ser de una, la cara de otra, las manos de una tercera…- y, como guinda final, los polvos mágicos del photoshop. Y, por supuesto, mucho de la sociedad de consumo en juego: dietas personalizadas, un interminable catálogo de productos adelgazantes, gimnasios, cremas, centros de estética, tiendas de ropa…

            Una de las cosas más estúpidas de la cultura occidental en la que vivimos es el desmesurado culto a la juventud y el desprecio a la vejez. El paso del tiempo es algo maravilloso porque implica más experiencias vividas, nuevos retos, fracasos que nos han enseñado o éxitos que nos han alegrado, personas amadas, amantes, nuevas vidas. Lo contrario es la muerte y es, ciertamente, terrible. Por ese, brindo con Spritz por el cumpleaños de la bellísima Briseida.

martes, 2 de agosto de 2011

La ley del orden


Veo el reportaje de Jon Sistiaga Amarás al líder sobre todas las cosas y algo llama poderosamente mi atención. No se trata de la delirante concepción del mundo en Corea del Norte, que parece calcada de 1984. Por desgracia, los regímenes totalitarios y sus fascinantes puestas en escena son algo viejo y, por lo tanto, ampliamente estudiado y analizado. Lo que realmente me ha sorprendido es la presencia en el reportaje de Alejandro Caos de Benós de Les y Pérez, un aristócrata de Reus, comunista convencido, que preside la “Asociación de Amistad con Corea”, una agrupación financiada por el dictador Kim Jong iI y dedicada al proselitismo. Alejandro se ha ganado la confianza del régimen y se ha convertido en un personaje tan popular que incluso aparece en la televisión cantando en coreano. Organiza viajes a Corea del Norte por el módico precio de 2400 euros y es uno de los encargados, junto con los amables “guías” de que ningún turista pueda grabar o fotografiar más que lo que ellos consideran oportuno y de que no puedan establecer contacto con ningún ciudadano.
            ¿Qué puede llevar a alguien que ha crecido en una democracia –por muy imperfecta que esta sea- a defender firmemente una dictadura en la que han muerto miles y miles de personas por hambre? ¿Cómo creer que el dictador ha escrito de su puño y letra, él solito, nada más y nada menos que 18.000 libros que, además, son de una gran densidad?¿Cómo justificar que los dirigentes comunistas viajen en Mercedes y el resto de la población en bicicleta? Según él, su desengaño por un mundo egoísta.
            Algo similar me sucede cuando veo a una mujer española convertida al islam, velada y asegurando que el velo le da la libertad. Por mi trabajo viví de cerca la llegada de mujeres marroquíes a Cataluña a mediados de los 90. En aquel momento, solo algunas de las casadas, normalmente las que venían del campo, se cubrían la cabeza, pero casi nunca las solteras y, ni mucho menos, las niñas. Ahora, la mayoría de crías acuden a los institutos cubiertas. También viví como obligaron a casarse a una adolescente con un señor que hasta para mí resultaba mayor y como fue obligada a usar el hiyab. Por supuesto, el tema de dicha prenda es muy complejo y yo no soy nadie para sentar cátedra al respecto pero sé, por mi experiencia, que en muchos casos se trata de imposición y, sobre todo, de presión social. La prueba está en que se pueden ver más pañuelos en la periferia de Barcelona que en Casablanca.
            Es difícil, si has crecido en un régimen totalitario que impide cualquier contacto con el exterior, tener una opinión crítica al respecto, del mismo modo que es difícil ser realmente libre ante la decisión de cubrir o no tu cabeza en un ambiente islámico pero, ¿por qué personas de nuestro entorno sucumben ante esto? Es difícil encontrar una respuesta. Supongo que tiene que ver con la falsa ilusión de seguridad que dan las verdades absolutas, la necesidad de asideros sólidos en la actual sociedad líquida, creer que de verdad existe un mundo perfecto, ordenado, en el que basta obedecer unos preceptos para encontrar la felicidad.