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miércoles, 14 de marzo de 2012

Los mundos de Eugenia

Siempre me alegra mucho ver a Eugenia Rico. Y es que, desde que las casualidades me llevaron a ella, siempre nos encontramos es espacios mágicos,  que muchas veces parecen situarse fuera del tiempo. Es lo que llamamos "el mundo Eugenia". El Hotel Palace de Barcelona, el Hotel Danieli de Venecia o los Spritz compartidos en esa ciudad, los recuerdos de las calles de Berlín... y ahora también mi Rubí natal. Ayer, Eugenia vino a charlar con las integrantes del Club de Lectura "Veus de dona", creado por Gracia Pérez, otra escritora a la que también me une una cadena de casualidades. La charla giró, principalmente, sobre Aunque seamos malditas, novela que ha cosechado un gran éxito en países como Alemania o Estados Unidos. Ha aparecido en medios tan prestigiosos como Der Spiegel o Deutschland Kultur Radio han dicho que ella que es la gran escritora del siglo XXI y en ambos países la crítica y las ventas han sido más que favorables. Las lectoras compartieron sus interpretaciones de la obra y le plantearon cuestiones a la autora que, además, leyó un fragmento que llenó el ambiente de emoción.
Acudió también a la tertulia Juan Casamayor, el editor El fin de la raza blanca, el primer libro de cuentos de una autora que lleva escribiendo cuentos desde que tenía 11 años y que supone una nueva oportunidad de adentrarse en los mundos de Eugenia.

jueves, 6 de octubre de 2011

Ya se han casado

De la Duquesa de Alba se dice constantemente que siempre ha hecho lo que ha querido. Suerte que tiene. A mí me hubiera encantado tener esa fama, pero es que he estado demasiado ocupada en estudiar, en buscarme la vida, en trabajar un montón de horas... en fin, esas cosillas que te pasan cuando no eres Grande de España y no tienes ni un mal título nobiliario. Ahora, eso sí, me parece estupendo, cada una es libre de convertirse en un hazmerreír tanto como desee -o la pasta se lo permita-, sobre todo si sabes que tienes detrás a un enjambre de periodistas o colaboradores de programas varios dispuestos a decir lo valiente que eres, lo bien que vistes y lo bohemia que eres. A veces me da la impresión de que una parte de la población de este país siente nostalgia de tiempos remotos y pretenden mantener antiguos usos como los del vasallaje sin ir más lejos. Así, mientras que aquí tenemos que aguantar sandeces sobre el triunfo del amor, en la prensa internacional hablan de una mujer excéntrica y extravagante y de unos hijos que respiraron aliviados el día que repartió la herencia en vida. Porque esa es otra, los hijos. Yo, que tengo como uno de los libros de cabecera  La enfermedad como camino cuya tesis principal es que la enfermedad nos hace sinceros ya que son la plasmación física de lo que nos pasa en la mente, creo no hay prueba más evidente del sentir de su prole que la oportuna varicela de Eugenia: la boda de su madre le ha provocado auténticos salpullidos.


Otro de los lugares comunes de cierta prensa autóctona es lo mucho que la quiere el pueblo, especialmente el de Sevilla. Pues motivos no faltan, sin duda, para tanto amor: esta buena señora se queda con una gran parte de las subvenciones que recibe la agricultura española y, para colmo, se acoge a cuanto chanchullo puede para pagar lo mínimo posible a Hacienda. De hecho, en Sevilla la quieren tanto que su estatua está siempre llenita de pintadas. Le pregunté a Arcadi, que para mí es una autoridad en todos estos temas, su opinión sobre la boda a lo que me contestó: "a mí me encanta cuando se ha puesto a hacer Kung fu en medio de la calle". Pues eso.

domingo, 15 de mayo de 2011

Aunque seamos malditas

La reedición de Aunque seamos malditas es, sin duda, una gran noticia. Esta novela de Eugenia Rico es de esas que logra ese estado tan mágico que consiste en transportarte al interior de sus páginas, como si realmente tú estuvieras allí, como si conocieras a todos esos seres peculiares que la pueblan. Una de esos libros que te hacen desear acabar rápido cualquier labor para dedicarte a lo que realmente te interesa: su lectura, zambullirte en la historia, seguir las vicisitudes de esas mujeres valientes dispuestas a luchar contra un entorno que les es hostil. Es una novela profundamente feminista pero va mucho más allá porque no solo nos habla de la injusta situación en la que se ha visto colocado el género femenino a lo largo del tiempo sino también del abuso de los poderosos contra los débiles. La historia de la Humanidad. Y todo ello narrado desde ese espacio brumoso que te absorbe.
No me extraña que Eugenia sea capaz, en su novelística, de crear esos mundos tan especiales: es que en la vida real también lo hace. Junto a ella, siempre me parece estar en otra dimensión. La primera vez que nos vimos fue en el Hotel Palace de Barcelona, un hotel que, por su arquitectura y decoración, te transporta a otra época. Además, fueron apareciendo, a lo largo del día, diferentes amigos de la escritora, personas importantes de la cultura italiana y también la familia y cuadro flamenco de Joaquín Cortés. El mundo Eugenia. Era un día a finales de abril y al poco rato de conocerla ya me parecía una amiga de toda la vida.

Nuestra siguiente cita fue en el Hotel Danieli, el más lujoso de Venecia pare celebrar un baile de Carnaval. Habíamos quedado en una sala en la que se ofrecía un aperitivo antes de la gran cena de gala.  Me recibió guapísima, con un traje de época que había creado para ella una diseñadora francesa. Empezó la cena, amenizada por una orquesta de cámara, un tenor y una soprano que cantaron algunas arias, magos… Y, aun mejor, bailamos el minué. Era como estar dentro de una película de Sissí. Siguieron a esa noche otras de Spritz y confidencias en esa ciudad que no parece una ciudad sino un sueño.



Después ella se fue a Alemania, país en el que está teniendo un gran éxito y en donde se la considera la nueva Virginia Woolf. Y allí nos siguieron uniendo las casualidades personificadas en este caso en Lukas, un periodista alemán. Me pregunto en qué escenario fantástico volveré a encontrarme con Eugenia, qué nuevas sorpresas me esperan en su mundo. Y mientras llega ese momento me dedico a lo que sé que a ella le hace más feliz: a leer, a leerla.

sábado, 16 de abril de 2011

Personaje en busca de autora

Debido al gran éxito de crítica y público de este blog, cada vez más gente me dice que quiere salir en él. Cómo si fuera tan fácil. Para ser un personaje literario hay que valer, como para casi todo en esta vida, y se necesita cierto empaque. Jamás he conocido a nadie con mayor determinación para ello que Margherita. Margherita, que no significa pizza o cóctel sino perla o piedra preciosa, como ella misma me explicó nada más conocerla, es una joven profesora de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia. Además de eso, forma parte de un grupo de teatro que, en estos momentos, se dedica a la commedia dell’arte, lo que me resulta realmente fascinante. Pero nada de esto es suficiente para Margherita. Ella lo que de verdad quiere es ser un personaje literario. Dice que es algo que ha tenido claro desde pequeñita y que, una vez, una amiga suya la convirtió en protagonista de un cuento que luego ganó un concurso. No me extraña.

Todo esto lo contó Margherita al conocer a la escritora Eugenia Rico con la que yo había quedado para presentarle también a Valle y Albert, dos colegas más del Departamento de Iberísitica, y cenar en un restaurante en el que preparan los mejores Spaghetti alla Pescatora que he probado en mi vida. Eugenia, por supuesto, no se pudo resistir y le dijo que sí, que claro que la iba a convertir en un personaje de su próxima novela. Mientras, los demás contemplábamos la escena con arrobo, conscientes de nuestra fortuna por ser testigos de semejante situación unamuniana. Y todo esto con Spritz en el cuerpo, que aumenta esa sensación que te da Venecia de estar flotando, como si todo en esta vida, incluida una misma, fuera ligero. Margherita se tuvo que ir a ensayar pero, antes de eso, se fundió en un emocionado abrazo con Eugenia pues no sucede todos los días eso de que personaje y autora se encuentren. Y en el aire, suspendida, quedó una cierta nostalgia.

Echo de menos Venecia, como echo de menos a Eugenia y a todas esas personas que me trataron tan bien cuando estuve allí. Imagino que para eso bebo Spritz, no para olvidar sino, precisamente, para recordar esa adorada ciudad que es, a su vez, un personaje literario. Como Margherita.