sábado, 28 de septiembre de 2013

Curso de ética periodística

Hace años, cuando el Gran Wyoming presentaba el mítico Caiga quien caiga, mi sección preferida era la
de "Curso de ética periodística". En ella se tomaban titulares poco adecuados por su sesgo tendencioso y se daban alternativas mucho mejores para la exigible objetividad de un periódico. Pues bien, voy a intentar emular esa sección analizando el titular y el contenido de una noticia -repito, noticia, no artículo de opinión- del diario Ara.
Tras la intervención del diputado de Ciutatans Jordi Cañas, el rotativo catalán lanzó el siguiente titular: "Cataluña no es una colonia ni está invadida. El derecho a decidir es una chorrada", como se puede comprobar en el siguiente enlace. Y sí, es cierto que lo dice, pero lo que no señalan es que, en realidad, está parafraseando a Agustí Colomines, algo que repite dicho polítco dos veces durante su discurso a partir del minuto 9:30.
Resulta que Agustí Colomines, ex-director de la Fundació Catdem de CDC, afirmó en el programa La Rambla de BTV dijo, literalmente "el derecho a decidir es una chorrada que nos inventamos" y fue aplaudido por sus compañeros de plató. Cabe destacar que entre ellos estaba Carme Forcadell que se apresura a darle la razón y a apostillar que es derecho de autodeterminación y no derecho a decidir. En el Ara, ni una palabra de todo esto. Todo esto se puede ver el vídeo que acompaña esta noticia.
Y yo me pregunto, si son capaces de manipular de manipular de una forma tan burda, ¿qué no harán con otros aspectos menos fáciles de demostrar? Da miedo pensarlo, la verdad.

¿Por qué lo llaman derecho a decidir cuando quieren decir secesión?

Si un concepto ha hecho fortuna en Cataluña en los últimos tiempos ese es, sin duda alguna, el de “derecho a decidir”. Las razones de su éxito son fáciles de deducir: a todo el mundo le encanta tener derechos –el tema de los deberes ya nos cuesta un poco más- y se trata de algo que parece incontestable porque la persona que ose cuestionarlo será acusada inmediatamente de mezquindad. Y es que solo desde la perfidia se pueden negar los derechos de un pueblo. Sin embargo, la realidad es que no se trata, precisamente, de un concepto diáfano como trataré de demostrar.
¿Se trata de un derecho?
Para empezar, según Eva-Maria Poptcheva, doctora en Derecho Constitucional y especialista en Derecho Internacional, se trata más bien de un concepto de propaganda política que de un concepto con valor jurídico. Lo único que podría representar jurídicamente el “derecho a decidir” es la democracia directa, es decir, que la ciudadanía decida sobre cualquier asunto de forma directa y no a través de sus representantes, tal y como sucede en nuestra democracia representativa. Parece obvio que esta no es la forma más eficaz de toma de decisiones y que, en todo caso, no es la que persiguen los políticos catalanes. Para que exista un derecho tiene que existir una norma, es decir, la norma es previa al derecho y, como no existe ninguna norma al respecto, el mal llamado “derecho a decidir” no es ningún derecho como se nos pretende hacer creer.
Esto no parece ser ningún obstáculo para los políticos catalanes que contraponen legalidad versus legitimidad con total ligereza. De nuevo estamos ante una de esas afirmaciones de tono épico que tanto gustan porque no hay nada más bonito que la idea de la voluntad de un pueblo –recordemos el eslogan de CiU en los últimos comicios- frente a algo tan prosaico como las leyes. Pues bien, no debemos olvidar que si estamos en un Estado de derecho que garantiza, por ejemplo, la protección de las minorías, es gracias a las leyes. Por otra parte, cuando se contrapone legalidad y legitimidad se niega la legitimidad de la otra parte, ¿por qué es más legitima la opinión de los que se quieren saltar la constitución que la de quienes la quieren respetar?

¿Decidir qué?
Si seguimos analizando este concepto, aparece una nueva duda: “decidir” exactamente qué. Decidir es un verbo transitivo y, por lo tanto, necesita un complemento directo. Si bien tanto en español como en catalán este verbo se puede usar de forma absoluta –es decir, sin necesidad de CD en construcciones como “siempre decides tú”- no parece que este sea el caso porque aquí no queda nada claro que es lo que se puede decidir y la prueba más evidente de ello es que no se traduce a otras lenguas. En ningún país de nuestro entorno se entiende esta construcción porque no se especifica qué es lo que se puede decidir. Se trata, entonces, de un supuesto “derecho a decidir” en el que se obvia el CD de tal manera que recuerda a la protagonista de la copla Yo soy esa que, sin nombre propio, se tiene que conformar con lo que le quieran llamar. A veces parece lo que se puede decidir es ser independiente y otras, según palabras de Núria de Gispert, presidenta de la Comisión del Derecho a Decidir en el Parlamento catalán, el ámbito de las decisiones es de lo más variopinto y propone hasta cinco cuestiones que van desde el concierto económico hasta que nadie se inmiscuya en cuestiones lingüísticas. Por supuesto, esta multiplicidad va totalmente en contra de la claridad de la pregunta como señala a “Ley de Claridad” canadiense de 2000 o el Código de Buenas Prácticas en Materia Electoral (2002) de la Comisión de Venecia. Entonces, ¿por qué se ha escogido un sintagma tan confuso?
 “Derecho a decidir” se empieza a utilizar en 2003 en el País Vasco en el conocido popularmente como “Plan Ibarretxe”. Ni esta comunidad autónoma ni Cataluña son colonias, ni sufren una dictadura ni son pueblos oprimidos –aunque a uno podría creer lo contrario si lee los argumentarios de ciertos partidos políticos- así que no pueden acogerse al derecho de autodeterminación y de ahí que necesitaran de este invento de la neolengua nacionalista. Según la propaganda oficial, este es un clamor que surge del pueblo y por eso los buenos demócratas han de darle una respuesta pero, sin embargo, la realidad es que en 2006 se constituye la Plataforma del Dret a Decidir (PDD) subvencionada por la Generalitat. Seis años después, el Centre Unesco de Catalunya (Unescocat, que tiene más que ver con la Generalitat que le otorgaba generosas subvenciones que con la UNESCO) publica un informe titulado Del derecho a la autodeterminación al derecho a decidir. Un posible cambio de paradigma en la reivindicación de los derechos de las naciones sin estado http://www.unescocat.org/fitxer/3373/QR4%20okxweb.pdf en el que se insta a sustituir el “derecho de autodeterminación” por el “derecho a decidir”. Dicho informe está firmado por Jaume López Hernádez que, casualidades de la vida, fue socio fundador y presidente de la PDD. Así pues, “derecho a decidir” es un neologismo creado desde el poder –y no por la voluntad espontánea del pueblo- para soslayar el derecho internacional, que no se utiliza en ningún otro país y que no se recoge en ninguna legalidad internacional. En dicho documento se señalan, además, unas “propuestas de actuación” que debe seguir los partidos y entidades nacionalistas y se trata de desvincular “el derecho a decidir” -considerado una reivindicación soberanistas- del “derecho de autodeterminación”. Así, según el autor, el “derecho a decidir” se basa en un principio de “radicalismo democrático” y no en una reivindicación independentista.
¿Tenemos derecho a decidir?

            Finalmente, tal y como recordó Artur Mas el 06 de junio de este año, en caso de celebrarse el referendo –algo bastante complicado con la ley en la mano-, este no sería vinculante con lo cual, más que de “decidir” deberíamos hablar de “opinar”. Estamos pues ante un derecho que no es tal; ante un ámbito de decisión absolutamente indeterminado y en el que, para colmo, en realidad no podemos decidir nada sino tan solo opinar. Y pese a todo, bajo este sintagma nominal se construyen comisiones, pactos e incluso conciertos y otros actos lúdico-reivindicativos. Quizá ya va siendo hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre y cambiar el poco pertinente “derecho a decidir” por “consulta sobre la secesión”. Y veremos quién sigue defendiéndolo.

NOTA: Artículo publicado en Crónica Global el 12 de septiembre de 2013.

martes, 24 de septiembre de 2013

Hablando no se entiende la gente

De un tiempo a esta parte hay una serie de conversaciones que se repiten con frecuencia. Siempre giran
alrededor del "Proceso" y, normalmente, suelen ser sobre que el derecho de autodeterminación no es aplicable a Cataluña o que una hipotética Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea y, desde este fin de semana, que eso de la doble nacionalidad que tan alegremente ha anunciado Junqueras, es inviable. Esto no daría demasiado de sí en cualquier otro lugar del mundo, sobre todo cuando enlazas documentos que respaldan estas afirmaciones, pero en Cataluña da lugar a interminables hilos que acaban, invariablemente, con cualquiera de las siguientes opciones:

1. Las leyes están para cambiarlas. Aquí se suele citar a Rosa Parks (la que más), a Gandhi o a las sufragistas.

2. Es como si un persona se quiere divorciar de su pareja. Más allá de la obviedad de que es bastante ridículo comparar un divorcio con la secesión de un territorio, no se dan cuenta de que una pareja se puede divorciar, precisamente, si las leyes lo permiten y que el proceso debe hacerse siguiendo lo que estas dicen si no quieres ser acusado de abandono de hogar o perder la tutela de los hijos en caso de que los haya.

3. Cataluña será lo que el pueblo de Cataluña quiere que sea. Esto recuerda bastante a El Secreto, aquel libro que se puso de moda hace unos años y que aseguraba que bastaba con desear fuertemente algo para conseguirlo. Se pasa por alto que muchas de las decisiones no dependen solo de Cataluña.

4. "Votemos de una vez" o "pero, ¿tú quieres votar o no? No se tiene en cuenta, obviamente, que CiU, que es quien tiene el poder en estos momentos, jamás ha especificado sobre qué se va a preguntar y que, de hecho, Núria de Gispert, presidenta de Pacto Nacional para el Derecho a Decidir dio hasta cinco posibles preguntas para la consulta y, casualmente, solo una era sobre la secesión. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sin freno

De los creadores de "España nos roba" nos toca aguantar ahora "La España subsidiada vive de la Cataluña productiva". Sí, estoy hablando de CiU que en los últimos tiempos parece que se ha lanzado por una pendiente sin ningún tipo de freno. Tan poco pertinente resulta el cartel que anoche, cuando lo difundí por Twitter, varias personas me preguntaron si me había asegurado de que era real porque más bien parecía un  fake de alguien que pretendiera desprestigiar a dicho partido. Pues no, resulta que el cartel ha sido creado por la coalición catalana y no parece ser fruto de un arrebato sino que debe de formar parte de su argumentario porque el 27 de agosto, Jordi Turull, al intentar defender la antidemocrática prórroga de los presupuestos de la Generalitat dijo que no podía ser que los funcionarios de la Cataluña productiva no cobraran una paga y los de la España subsidiada. Yo soy funcionaria y en ningún momento se me ha ocurrido pensar que he perdido una paga por culpa del resto de españoles sino que hubiera podido cobrarla si no se destinara tanto dinero, por ejemplo, a los medios de comunicación subvencionados o si Mònica Terribas no hubiera sido contratada por un sueldo que resulta un insulto a la ciudadanía en tiempos de crisis. O sea, que CiU priva a los catalanes que los presupuestos se debatan en el Parlament, que sería lo lógico en una democracia, pero la culpa es del resto de españoles que son todos unos vagos. Cualquiera que haya tratado con niños o adolescentes sabe que ellos nunca han hecho nada y que la culpa es siempre de otro. Si es que estos de CiU son como chiquillos.
Este nuevo lema creado por las brillantes mentes del partido -que han conseguido uno de los peores resultados de su historia así como perder cada día más puntos en intención de voto- solo se explica desde la hispanofobia que cada día se puede ver forma más clara en Cataluña. Es obvio que semejante sandez no resiste ni el más mínimo análisis crítico: la mayoría de ciudadanos españoles se levantan, van a trabajar y pagan sus impuestos. Claro que hay gente que vive de las subvenciones, muchas de ellas del sector agrícola, de la misma manera que las hay en Cataluña en el sector de las avellanas, por ejemplo, o en muchas zonas deprimidas de la periferia donde yo he llegado a ver familias que ya van por las 2ª generación de personas que no han trabajado nunca y viven de las ayudas públicas. A mí, personalmente, no me importa que mis impuestos sirvan para mantener a una viuda -me da igual si de Murcia o de Tarragona- que nunca ha cotizado porque ha estado cuidando siempre de su familia. Me parece muchísimo peor que mi dinero se utilice para engrasar las máquinas de generar odio o para engrosar las cuentas en Suiza de ciertas personas, me da igual que residan en Madrid o en Barcelona.
No sé qué pretenden los de CiU con su ofensivo cartel pero me imagino que los empresarios catalanes deben de estar maldiciéndolos, especialmente de cara a la campaña navideña, porque el eslogan parece una llamada en toda regla al boicot de sus productos. Esperemos que el resto de españoles entiendan que la mayoría de catalanes no tenemos la culpa de esto, que se trata tan solo de la ocurrencia de un partido que parece haber perdido por completo el rumbo. Y a los convergentes recordarle que quien siembra vientos recoge tempestades.

jueves, 22 de agosto de 2013

Abuelito, dime tú

Mi abuelo era socialista. Abrazó esta ideología siendo muy joven y la mantuvo hasta el final de sus días.
Cuando estalló la guerra le pilló en la mal llamada zona nacional y, pese a ser poco más que un crío, eran tan firmes sus convicciones, que intentó pasar a la zona republicana. Lo falangistas lo pillaron, lo purgaron y estuvo a punto de perder la vida pero, afortunadamente, se salvó. Esta historia mil veces escuchada a lo largo de mi infancia aparecía siempre unida al rechazo al fascismo. Otro de mis pasajes preferidos era cuando mi madre me contaba que de pequeña su padre escuchaba radio Pirenaica con todo bien cerrado y que esto era algo que se debía guardar en secreto. Me hablaba también de lo confuso que le resultaba conciliar la emoción que sentía con los vibrantes discursos de la Pasionaria con las enseñanzas que recibía en su colegio de monjas. Supongo que este talante de mi madre, también socialista, que creció entre esos dos mundos y supo sacar lo bueno de cada uno de ellos, es lo que ha hecho crecer en mí ese profundo respeto hacia cualquier postura ideológica.
A partir de esto, es imaginable mi estupefacción cuando leí el martes el editorial de VilaWeb escrito por Vicent Partal (no lo enlazo aquí porque no me apetece facilitarle lectores) en el que decía que el PSC bascula hacia el fascismo y, además, anunciaba que al día siguiente seguiría desgranando semejante afirmación. No voy a entrar a desmontar un texto tan falaz -realmente, no lo merece- si no a reflexionar sobre el porqué de este ataque. Da la casualidad (o no) que, además, tan solo unos días antes (17/08/13), Quico Sallés había publicado en Nació Digital un artículo de opinión que consistía en ensalzar a Xavier Trias, alcalde de Barcelona y en denigrar de manera furibunda al PSC y, muy especialmente, a Montserrat Capdevila, diputada de este partido y a la que, en uno de esos alardes de machismo a los que estamos tan acostumbradas, se acusaba de ir al Parlament a lucir modelitos más que a trabajar (de nuevo, no lo enlazo por los mismos motivos que el anterior). Está claro que hay periodistas a los que se les da muy bien eso de ser la voz del amo. ¿Por qué dos artículos tan virulentos contra el PSC en tan poco tiempo desde dos medios subvencionados (según datos de febrero de 2012, VilaWeb, 71.629,99 euros y Nació Digital, 45,056,19) por la Generalitat? Obviamente, yo no estoy en las cabezas de estas personas y no lo sé, pero esta inusitada violencia contra el PSC contrasta con las palabras melosas que hasta hace pocas semanas se les invitaba a sumarse al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir y creo que es posible que este sea uno de los motivos.
Desde el pasado 11 de septiembre se ha intentado vender la imagen de "un solo pueblo", un pueblo unido con un gran fin común, el derecho a decidir, un derecho legítimo y democrático al que tan solo los "adversarios" de Cataluña se podían oponer. Estos adversarios son según Carme Forcadell, presidenta de ANC, C's y PP (para más información ver aquí). El PP -que en las pasadas elecciones catalanas sacó apenas 20.000 votos menos que ERC- ha sido siempre el malo oficial de la Cataluña nacionalista y a C's o bien se le ningunea o bien se le añaden coletillas como "fachas", "nacionalistas españoles" o, incluso, "de ultraderecha" así que todo parecía cuadrar. Hasta que el PSC se ha empezado a desmarcar de este discurso oficialista. ¡Oh!, entonces para los medios subvencionados está claro: son fascistas. Literalmente, Partal habla de un "socialismo que bascula hacia el fascismo" y Sallés de gente que son "subproductos del fascismo imperante a Cataluña desde 1939". Y es que ahora toca denigrar al PSC porque aunque el delirante editorial hable de ellos como poco más que un grupo marginal que tiende a la desaparición, lo cierto es que se trata de la 2ª fuerza más votada de Cataluña incluso con sus peores resultados además de que ofrecen la legitimidad que supone pertenecer a la Internacional Socialista. Pero ya sabemos quién tiene aquí la máquina de carnés de buenos y malos catalanes y de demócratas y no demócratas: y o bien comulgas con el ideario oficial o te vas a la lista negra.
Hace pocos días, la Canciller alemana Angela Merkel advertía de la banalización del nazismo en España por la desgraciada profusión de símbolos que estamos sufriendo y por la alegría con la que se suelta el apelativo. Que vayan tomando nota los de la internalización del conflicto. Ah, no, que de eso ya no se habla, que por ahí ya se han dado cuenta de que no hay nada que rascar.

martes, 6 de agosto de 2013

Pureza de sangre

Una de las cosas más latosas, además del constante reparto de carnés de buenos y malos catalanes del que hablé en "Los enemigos de Cataluña" (se puede leer aquí) es la exigencia constante de tener que apoyar esto o lo otro o, por el contrario, de condenar cualquier acción, especialmente si ya lo has hecho de forma pública. Las redes sociales son, sin duda, maravillosas y una fuente fantástica de oportunidades, pero también hay una parte de exposición que tiene sus riesgos y como, además, se da por hecho de que estamos todo el día pendientes de nuestros dispositivos móviles, la respuesta tiene que ser inmediata.
Hace unas semanas condené en Twitter y Facebook el ataque a la sede de C's y hubo quien se apresó a escribir comentarios en los se que minimizaban tal ataque y añadían que "y los de ultraderecha más", como si C's o yo tuviéramos algo que ver en esas acciones. Poco después, condené las pintadas a las sedes de PSC y PP  de Arran y tres cuartos de lo mismo. El día que salieron en la prensa las pintadas perpetradas por un grupúsculo de ultraderecha contra la sede de  El Punt-Avui yo estaba en la piscina y, por deferencia a mis acompañantes, desconectada del mundo virtual. Al llegar a casa, sobre las siete de la tarde, vi la noticia y, rápidamente, la condené en Twitter. Pues bien, al abrir mi Facebook ya tenía un mensaje echándome en cara que no lo había condenado. ¡Por Dios! ¡Qué tengo vida más allá de Internet! Voy a plasmarlo por escrito a ver si queda clarito de una vez y no hace falta que tenga que jurarlo con la mano sobre la Biblia a la menor ocasión: estoy en contra de cualquier insulto, falta de respeto o destrozo de material da igual la procedencia y el destinatario. Y cuando digo en contra de todos los insultos quiero decir eso, de todos, porque tampoco me parece demasiado lógico que algunas personas defendieran a la deportista Roser Tarragó -y obviamente condeno a quienes la insultaron- y, a la vez, aprovecharan el tuit para insultar a España y a los españoles. Y eso no debería ser así. Aunque sea por coherencia.

También me he encontrado constantemente con gente que me suelta un "pero estás a favor o en contra del referendo", sin tener en cuenta que, a día de hoy, no hay ningún referendo la vista y, ni tan siquiera, una posible pregunta y que, además, si llega a convocarse lo más probable es que no sea un referendo sino una consulta por vía no refrendaria. Pues no, tienes que manifestar públicamente tu adhesión incondicional. Si dices que no tienes ninguna intención de contestar a una interpelación tan poco pertinente a alguien a quien ni tan siquiera conoces, entonces eres facha o, ya, cuando tiramos la casa por la ventana, fascista, como me dijo uno ayer, a la vez que proclamaba que él era millones de veces más demócrata que yo.
Por si todo esto fuera poco, ahora también se te exige manifestar si estás a favor o en contra de cada una de las cadenas de todo tipo que están proliferando en nuestra Comunidad Autónoma por el simple hecho de haber comentado que la cadena nudista de Palamós me parecía de un pésimo gusto y que, en general, no soy demasiado aficionada a lo que Guillem Martínez denominó, con mucho acierto, actividades de la inmensa casa de colonias en la que se ha convertido Cataluña (vid artículo aquí). De verdad, como si yo no tuviera nada mejor que hacer que estar posicionándose públicamente sobre cada una de las actividades veraniegas.
En fin, que se siente una como si hubiésemos retrocedido a los Siglos de Oro y se tuviera que hacer valer en todo momento que se es cristiano viejo. Y, la verdad, a mí lo de la pureza de sangre no me va, prefiero mil veces la mezcla.


lunes, 29 de julio de 2013

Respeto

Una de las cosas que distingue a los seres humanos del resto de los animales es la ritualización de la muerte.
Cualquiera que haya perdido a un ser querido puede entender del porqué de esta necesidad: es tal el dolor, es tan devastadora la idea de no volver a ver a esa persona que se necesita de algún tipo de rito para iniciar el penoso duelo. No hay consuelo de ningún tipo para algo así, pero se agradecen cada una de las muestras de apoyos y, por supuesto, lo mínimo que se presupone ante una persona que está sufriendo tal trances es respeto. De hecho, el respeto a los muertos y a sus allegados está presente en todas las culturas.
Pues bien, es tal el odio que anida en ciertas personas, tan desmesurada e irracional su hispanofobia, que hoy hemos tenido que soportar que el periódico El Punt-Avui publique una nauseabunda viñeta "humorística" (?) en la que aprovecha la tragedia sucedida en Santiago de Compostela para arremeter contra la "Marca España". ¿Cómo se puede concebir algo tan mezquino? Pues bien, un tal JAP se ha sentado a su mesa de dibujo, ha mandado su obra al periódico y alguien la ha maquetado y, finalmente, se ha hecho pública. Supongo que, además, alguien le habrá dado su visto bueno. No estamos entonces ante un arrebato rabioso -que tampoco sería justificable- sino ante un producto elaborado que ha pasado por varias manos antes de ver la luz. Por si todo esto fuera poco, dicho periódico recibe unos 700.000 euros de subvenciones públicas por distintos conceptos. (230.000  para la sección "Cataluña quiere vivir en libertad"; 303.750 para las cabeceras de ambos periódicos y 160.725  por campañas institucionales del ejecutivo de Mas). A mí, personalmente, se me revuelven las tripas pensando que el sueldo de esta personas se sufraga con mis impuestos y, mucho peor aun, con los impuestos de los familiares de las personas ultrajadas. Supongo que ante esto la única opción que nos queda a las personas decentes es sentir lástima por estas personas que viven con tanto odio en su interior, debe de ser horrible vivir así.