sábado, 11 de febrero de 2012

Sobre Garzón


Como la mayoría de personas, yo no entiendo de leyes y no me he leído la sentencia del Tribunal Superior en la que se inhabilita al juez Garzón, así que dejo aquí esta entrada de blog de Rafael Arenas, catedrático de Derecho Internacional, para tener una voz autorizada al respecto.


Dada mi desinformación sobre el tema, más allá de lo que haya podido leer en la prensa o en las redes sociales, no puedo opinar demasiado al respecto, pero sí sobre la pésima percepción de mucha gente sobre la justicia en España ya que esta sentencia viene después de la absolutoria de Camps -que ayer hizo alarde de una actitud chulesca en la defensa de su tesis doctoral y su director llamó delincuente a Garzón-, de la también incomprensible sentencia del caso de Marta del Castillo, de los privilegios que se están aplicando a Iñaki Urdangarin... En la prensa ya se habla de brecha entre la sociedad y la justicia y esto me parece peligroso, terriblemente peligroso, porque dejar de creer en la justicia es abonar el campo a cualquier totalitarismo. Eso por no hablar del descrédito internacional que estamos sufriendo por culpa del acoso a Baltasar Garzón ya que cuesta entender, por ejemplo, que el juez esté acusado por investigar los crímenes cometidos durante el franquismo y hasta la ONU se ha pronunciado a favor de dicha investigación.
Y es que, por mucho que el Rey dijera en su discurso navideño que la justicia es igual para todos, las noticias que se suceden a diario parecen estar empeñadas en demostrar lo contrario.

sábado, 21 de enero de 2012

Vergüencita



Escucho, ruborizada, esas palabras entre Álvaro Pérez, El Bigotes y el expresidente Francisco Camps, palabras que rezuman arrope y que podrían tener cierta gracia entre dos adolescentes pero que resultan totalmente ridículas entre dos adultos. Y ya no entro en la culpabilidad o no, que para eso están los jueces, sino en la falta de decoro, de sentido estético y, por supuesto, de vergüenza. Porque, mientras los empleados públicos de bien se lo piensan antes de hacer fotocopias, por no malgastar, mientras que cualquier estudiante decente espera a tener las notas puestas para decirle a su profesora que le han encantado sus clases, estos dos se deshacen en melaza a cambio de, supuestamente, sustanciosos contratos uno y cuatro traje, el otro. Y eso que ya había leído muchas de esas encendidas declaraciones de amor en la prensa pero, el oírlas, las convierte en algo aún más ridículo y grotesco.

En los últimos tiempos, con las noticias de la trama Gurtel; los ERES irregulares que servían, de nuevo supuestamente, para financiar prostitutas, drogas y alcohol y, cómo no, el caso Urdangarin, da la sensación de que si España está en la ruina es porque aquí se ha robado todo lo que se ha podido y más. Y lo peor de todo es que esas personas ya tenían mucho más de lo que podemos, ni tan solo aspirar, la mayoría de mortales. Pero, aún así, como si de unos reyezuelos Midas de poca monta se trataran, han tenido que meter mano en el dinero de público para seguir enriqueciéndose y ser cada día, de palabra y obra, un poquito más horteras.

domingo, 15 de enero de 2012

Marta del Castillo y la educación


Como a la mayoría de la gente, a mí también se me quedó la sangre helada cuando me enteré de la sentencia en el juicio de Marta del Castillo. Una, evidentemente, se pone en la piel de esos padres que al dolor inabarcable de la muerte de una hija adolescente tienen que sumar la desgarradora aberración de no saber ni dónde está el cuerpo para poder empezar un proceso de duelo. Y, encima, la sensación de que unos niñatos se han reído de todo el mundo. Tras esto, intento entender que en un estado de derecho solo se puede actuar según la legislación vigente y que tan solo se puede condenar si las pruebas son claras y contundentes. Da rabia, mucha rabia, pensar que algunos culpables, como dice el abuelo, “se han ido de rositas”, pero también hay que entender que castigar a personas que no han hecho nada no solo no devolverá la vida a Marta sino que sumará nuevas víctimas a su muerte.

            Leo en el informe psicológico de Miguel Carcaño, el autor confeso de la muerte de la joven, que "es una persona con dificultades para establecer fuertes y estables vínculos afectivos, así como para comprender o ponerse en el papel de los otros". Y concluye con que es un “egocéntrico consentido”. No me extraña. Desgraciadamente, estoy acostumbrada a tratar con este tipo de perfil. Cada vez es más común encontrar adolescentes que reivindican todos sus derechos –y otros que se inventan- pero incapaces de entender que, además, tienen deberes y que sus derechos y su libertad hacen frontera con los derechos y la libertad de los demás. Suelen tener un escaso control de sus impulsos y una absoluta intolerancia a la frustración, es decir, no aceptan un “no” por respuesta y siempre hacen todo lo posible por satisfacer sus deseos de forma inmediata. Si son pillados cometiendo una infracción, suelen mentir y manipular para intentar salirse con la suya. Este es un tema hace mucho tiempo que me preocupa: veo salir de los institutos a personas –a veces con el título de la ESO y otras no- que pese a haber estado hasta los dieciséis años en el sistema educativo, a duras penas saben leer y escribir; personas incapaces de cumplir con sus mínimas responsabilidades –ir a clase, llegar a la hora, presentar las tareas…-; que contestan de forma maleducada e insultan constantemente. Personas que, en el peor de los casos, han empezado ya a delinquir con el hurto de móviles, portátiles y cobre y que ya se han tenido que enfrentar a juicios de los que han salido inmunes. No sé, pero creo que hay algo que estamos haciendo mal, muy mal.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los lunes de Leipzig


Aprovechando mis días en Berlín, he ido a Leipzig a visitar a Javi. Nos conocimos hace años, cuando él era un brillante alumno de bachillerato, mucho más brillante de lo que era consciente. Una vez obtenido el título con excelentes calificaciones decidió, en un acto de madurez que pocas veces se da que, de entrada, no iría a la universidad. No quería empezar una carrera sin estar convencido de que realmente le interesaba así que optó por un módulo de turismo dada su fascinación por las lenguas. Consiguió una beca para Alemania y su nivel de alemán era tan bueno que, una vez finalizada, se le propusieron un puesto de trabajo y allí se quedó hasta que le concedieron una beca para San Francisco. Después de esto, decidió que quería estudiar Traducción e Interpretación y está cursado la carrera con un gran número de Matrículas de Honor.
Ahora está en Leipzig con una beca Erasmus y, mientras paseábamos por sus calles, me dijo que, cuando se le acabe, no cree que regrese a Barcelona. ¿Para qué? ¿A qué trabajos puede optar aquí? La vida se le antoja más fácil y con mejor futuro en Alemania, como a tantos otros jóvenes. Yo lo animé a hacerlo, por supuesto, ya que sin duda es la mejor opción, pero no pude evitar pensar en la sangría de talento que está sufriendo España.

Javi me llevó a la iglesia en la que se reunían para rezar antes de la caída del muro y en la que hablaban de su oposición al régimen comunista. Allí se gestaron los “Lunes de Leipzig”, las concentraciones pacíficas contra el gobierno que culminaron en la multitudinaria manifestación del 16 de octubre de 1989 ante la impotencia de las autoridades. Es una iglesia de aspecto austero por fuera pero muy bonita y colorista por dentro con unas columnas que parecen palmeras. Fuera, se erige una de ella que simboliza la revolución que sale de la iglesia hasta las calles. Bonita lección.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Monopoly

De pequeña, uno de mis juegos preferidos era el Monopoly. Ay, esas tardes de partidas interminables, ahorrando para comprar hoteles y luego, la alegre sorpresa de ir por Barcelona y descubrir el nombre de las calles que habíamos aprendido en el famoso tablero. Ahora, cuando constantemente nos bombardean con las decisiones de las agencias de calificación, esos pájaros de mal agüero de la deslucida épica actual, me acuerdo del Monopoly porque me parece que tener una de esas tristemente célebres agencias -de las que no sabíamos nada no hace tanto- es como jugar una partida con dinero de verdad en la que, además, siempre ganas. Lo peor para todos los que no tenemos uno de esos negocios es que sus decisiones, al más puro estilo "efecto mariposa," acaban suponiendo la bajada del sueldo de los funcionarios y de las pensiones, la destrucción de puestos de trabajo, la precarización de la sanidad y de la educación pública... 

Y es que parece que no hay más opción que seguir los dictados de los gurús expertos en macroeconomía y los archicacareados mercados y si no les gusta como van las cosas, quitan del medio al presidente de turno, ponen un tecnócrata y santas pascuas. Por mucho que nos alegremos de perder de vista al inefable Silvio Berlusconi, lo que ha pasado en Italia y en Grecia es terrible. No es que confíe en la buena fe de los políticos, ni mucho menos, pero estos, al menos, saben que sus acciones serán sometidas al dictamen de las urnas y eso es un freno a la hora de tomar según que medidas. Pero los tecnócratas no, así que pueden imponer lo que se tercie, por muy impopular que sea. En ese sentido, me parecen elocuentes las lágrimas de Elsa Fornero, la ministra italiana de Bienestar Social. Se ha discutido mucho sobre si eran pertinentes o no y sobre si resulta decorosos que alguien con su cargo llore en público pero eso no me parece importante. Lo crucial aquí es que lo que el pueblo vote no tiene ya ningún valor, se ha convertido en papel mojado. El grito de "no nos representan" cobra ahora más sentido que nunca y eso es peligroso, muy peligroso.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Los 90


En un alarde de pedantería, los bocadillos de un bar de Barcelona se llaman como célebres filósofos. Albert le preguntó a Arcadi qué nombre le pondría a los bocadillos si el negocio fuera suyo a lo que él respondió como si fuera lo más evidente del mundo: “pues nombre de las modelos de los 90, como Sofía Mazagatos, Raquel Revuelta, Mar Flores…”
Oh, Arcadi, que gran observador de la realidad. Arcadi es como un haiku, capaz de expresar grandes cosas con pocas palabras. Y es que su comentario nos retrotrae a los 90, esa época feliz en la que, por tener, teníamos hasta grandes supermodelos. A ver, no eran exactamente como Claudia Schiffer, Helena Christensen y Naomi Campell, pero también tenían su público. Recuerdo los 90 como una época de gran optimismo. A diferencia de nuestros padres, sabíamos inglés y empezábamos a viajar por Europa y los jóvenes europeos, por su parte, venían aquí gracias a esas becas Erasmus que tanto han hecho por la unificación y que ahora están en peligro por culpa de la crisis. Nos encantaba, por supuesto, la idea de pertenecer a la Comunidad Económica Europea –luego le quitaron lo de “Económica” para disimular-, con su banderita azul y sus doce estrellas, su Himno de la Alegría, su proyecto de moneda única que por entonces se llamaba Ecu…
Hoy, sin embargo, todo aquel optimismo en el futuro y entusiasmo por la Unión Europea anda por los suelos. Desde que entró en vigor el euro, los precios se dispararon y empezamos a estar sujetos al dichoso Euribor, palabra a la que cualquier persona con hipoteca teme más que a un nublado. Por lo que respecta a nuestras modelos, a Mar Flores se ha colocado bastante bien, Raquel Revuelta ahí anda y peor malparada ha salido la pobre Sofía Mazagatos aunque cualquier persona sensible la llevará siempre en su corazón por sus grandes perlas lingüísticas como “estar en el candelabro”.

domingo, 16 de octubre de 2011

Del 15-M al 15-O


Ya hace cinco meses de aquella primera convocatoria que lanzó una poco conocida “Democracia Real Ya” y que muchas personas secundamos, hartas ya de un sistema injusto que perjudica a gran parte de la población. Relaté aquella primera manifestación en la entrada titulada “Indignación 2.0” y concluía diciendo que estaba segura de que las movilizaciones iban a continuar. Al vivir aquel ambiente, ver tanta gente de distintas edades y procedencias y la gran capacidad de movilización mediante las redes sociales  pese al ninguneo de la prensa –cabe recordar que a la rueda de prensa que ofreció DRY tan solo fueron tres medios- me parecía evidente que aquello no había hecho más que empezar pero lo que no podía ni imaginar es que cinco meses después la convocatoria global gestada el 17 de junio en una asamblea de Madrid iba a tener semejante seguimiento en casi mil ciudades de más de ochenta países.
            Y en estos cinco meses, el ir aprendiendo sobre la marcha, el adecuarse al lenguaje de signos y al lenguaje inclusivo en las acampadas, la extensión de las acampadas a las asambleas de barrio, las movilizaciones para impedir los desahucios por no poder hacer frente a la hipoteca, la lucha por una sanidad y una educación públicas y de calidad… Tantos y tantos momentos emocionantes, tanta ilusión por intentar transformar el mundo en un lugar mejor. Pero también los insultos y manipulaciones en periódicos como La Vanguardia, ABC y La Razón y la censura en las retransmisión del brutal y salvaje desalojo de Plaza Cataluña por parte de las televisiones públicas como RTVE o TV3. Y los agoreros que decían que las acampadas no llegarían ni al día de las elecciones; luego, que al día siguiente, el movimiento desaparecería; más tarde que nos acabaríamos convirtiéndonos en un partido polítco; que si detrás estaba la extrema derecha, unos, que si Rubalcaba, otros; y más tonterias por el estilo de personas que no habían estado en las calles y que no habían entendido nada. Todo esto sirvió para acrecentar la indignación y para que las concentraciones se volvieran más multitudinarias.
            El 15-0 fue un día de celebración, la celebración del quinto mes del inicio de una revolución en España que ayer, de forma oficial, se extendió a gran parte del mundo. Yo lo celebré, como aquel domingo de mayo, quedando con mis camaradas Mari Lou, Angelita, Ikeractivo, Luis, Salva, Berta y otros que prefieren mantenerse en el anonimato.