En la Facultad de Ciències de l’Educació de la UAB estamos acostumbrados a tener en nuestras aulas a alumnos y alumnas del Plan Tutoresport, que consiste en que ciertos deportistas de élite disponen de un tutor particular que les orienta a la hora de poder compaginar una carrera universitaria con su disciplina deportiva. Se intenta ser flexible en las fechas de exámenes y entregas de trabajo así como con la asistencia a clase siempre que coincida con competiciones. No se trata de regalarles nada si no de que puedan cursar estudios académicos a la vez que siguen con sus rutinas de durísimos entrenamientos. Se trata de un plan pionero en las universidades españolas pero que aún está a años luz de las ayudas que reciben los jóvenes estadounidenses, esos que después arrasan en los medalleros de todo tipo de competiciones internacionales.
En el curso 2011-2012 he tenido como alumna a la mallorquina Margalida Crespí y he podido ver de cerca su gran esfuerzo por intentar llevar al día la asignatura mientras que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Londres. Aunque soy poco aficionada a ver deportes televisados, ahí he estado los dos días de competición de natación sincronizada y he vibrado con las puestas en escena, los cuidados estilismos, las arriesgadas acrobacias y las bonitas figuras que trazaban de forma perfecta en el agua. Y, por supuesto, me he emocionado al ver su alegría ante las ovaciones con las que han sido recibidos sus ejercicios. Miraba la cara de Marga con sus grandes y expresivos ojos mostrando su medalla de bronce a las gradas, donde adivino que aplaudían sus seres queridos y me venían a la cabeza todos los esfuerzos y sacrificios que le ha costado estar en ese podio. ¡Enhorabuena, Marga!
